PABELLON DORADO Y OSAKA. Dia 6.

Kinkaku-ji bajo la niebla y un salto a Osaka con sabor retro


Un día lluvioso en Kioto… con mucho encanto

Ese día amaneció de nuevo con lluvia. Era una llovizna fina, persistente, de esas que no molestan del todo pero que se te meten en los huesos si estás fuera demasiado tiempo. Aun así, el cielo gris y encapotado no nos desanimó. Teníamos un plan doble para el día: empezar la mañana visitando uno de los templos más icónicos de Kioto y después poner rumbo a Osaka.

Visita imprescindible: el Templo Kinkaku-ji o Pabellón Dorado

Antes de irnos de la ciudad, queríamos cumplir con una visita que se nos había quedado pendiente y que no podíamos dejar pasar en Kioto: el Kinkaku-ji, también conocido como el Pabellón Dorado.

En una ciudad como Kioto, donde hay literalmente miles de templos, es imposible verlos todos. Pero este, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y uno de los símbolos más fotografiados de Japón, era una parada obligada.

Templo Kinkaku-ji

Cómo llegar al Kinkaku-ji y cuánto cuesta

Tomamos el bus 206 desde la estación central, que nos dejó muy cerca. La entrada al recinto costó 500 yenes por persona, y aunque el cielo seguía encapotado y lloviznaba, la niebla que lo envolvía le daba un aire casi de otro mundo.

Quizá en un día soleado el reflejo dorado del edificio sobre el estanque sea más espectacular, pero ese ambiente brumoso y misterioso nos pareció mágico.

Un paseo entre jardines y niebla

A pesar de llegar a primera hora, ya había bastante gente. Aun así, nos dimos un buen paseo por los jardines y rodeamos el estanque mientras hacíamos dos mil fotos (mínimo) del impresionante pabellón, cubierto de pan de oro, que parece flotar sobre el agua.

El templo actual data del siglo XX, ya que el original fue destruido por un incendio en 1950, pero está reconstruido siguiendo fielmente el diseño histórico del siglo XIV.

De Kioto a Osaka en shinkansen: rápido y fácil

Después de esta parada inolvidable, regresamos a la estación de Kioto, donde tomamos un tren bala (shinkansen) rumbo a Osaka. El trayecto fue rapidísimo —unos 15 minutos— y no tuvimos que pagar nada porque estaba cubierto por nuestro Japan Rail Pass de 15 días.

Moverse por Osaka con la Osaka Loop Line

Para movernos por Osaka sin tener que pagar transportes adicionales, decidimos aprovechar la Osaka Loop Line, una línea circular de JR que recorre los principales puntos de la ciudad.

castillo de Osaka

El imponente Castillo de Osaka y su parque

Nos bajamos en la estación más cercana al castillo y nos dirigimos directamente hacia el Castillo de Osaka, rodeado por un enorme parque lleno de árboles y senderos preciosos.

Allí nos compramos unos helados y unas patatas en un konbini que encontramos en el mismo parque, y paseamos tranquilamente disfrutando del paisaje. El foso, el lago, el puente, los barquitos que cruzaban lentamente… toda la estampa era como sacada de una postal.

Historia y arquitectura del Castillo de Osaka

El Castillo de Osaka, originalmente construido en el siglo XVI por el legendario unificador de Japón, Toyotomi Hideyoshi, fue una de las estructuras más imponentes de su época. Aunque ha sido destruido y reconstruido varias veces a lo largo de la historia, su versión actual (reconstruida en 1931 y renovada más tarde) mantiene la majestuosidad de sus orígenes, con su torre central blanca, verde y dorada dominando el paisaje.

No subimos al interior porque había bastante cola, pero nos acercamos hasta su base para admirar su arquitectura imponente y su presencia histórica. Nos llamó la atención la cantidad de cuervos que sobrevolaban la zona, dándole un toque casi cinematográfico. Y sí, seguía lloviznando, así que mis fotos con el paraguas transparente japonés salieron de lo más auténticas.

Castillo de Osaka

Explorando el barrio retro de Shinsekai

 Torre Tsutenkaku

Después de un rato, retomamos la Osaka Loop y pusimos rumbo al barrio de Shinsekai, en el sur de la ciudad.

Un lugar peculiar, con una estética entre retro y futurista, llena de luces de neón, letreros coloridos, locales de comida con grandes figuras decorativas, y tiendas con todo tipo de productos curiosos. Lo que más nos llamó la atención fue la Torre Tsutenkaku, que en su día fue una de las estructuras más altas de Japón, aunque hoy conserva ese encanto vintage que le da al barrio un carácter muy especial.

Caminando hasta el Santuario Namba Yasaka

Fuimos recorriendo el barrio andando y decidimos ir caminando hasta el centro de Osaka. Por el camino nos encontramos con edificios más altos, megacentros comerciales e incluso una chica disfrazada de ¿Peach? o algo parecido… No sé, todo muy raro, pero nos estaba encantando esta mezcla entre caos y modernidad que tiene la ciudad.

En uno de esos desvíos improvisados que tanto nos gustan, llegamos a un templo que habíamos visto en redes y que queríamos ver en persona: el Santuario Namba Yasaka.

El león devorador de malos espíritus

Lo que hace especial este santuario es su pabellón principal, una enorme cabeza de león de 12 metros de alto y 11 de ancho, con la boca completamente abierta. Nos pareció alucinante. Descubrimos que esta construcción, conocida como Shishiden, representa al león devorando los malos espíritus, y que según la tradición japonesa eso trae buena suerte, especialmente en los negocios y los estudios.

Santuario namba

Nos hicimos algunas fotos allí, con ese toque místico y al mismo tiempo tan original que tiene Japón, y seguimos caminando.

Parada técnica en una izakaya tradicional

Antes de llegar al epicentro del bullicio, nos metimos en una de esas calles techadas típicas de Japón, conocidas como shotengai, llenas de tiendas y pequeños bares.

Allí decidimos hacer una parada técnica en una izakaya o tasca japonesa de aspecto muy tradicional. Nos subieron a la planta de arriba, dejamos los zapatos en la entrada y nos sentamos a una mesa baja, directamente sobre el tatami. El contraste entre la decoración clásica y la tablet desde la que se hacían los pedidos nos arrancó una sonrisa. Pedimos unas deliciosas yakitoris y una jarra bien fría de cerveza japonesa. ¡Qué bien nos sentó ese descanso!

Compras frikis y snacks callejeros

Después de recargar energías, seguimos explorando las galerías comerciales repletas de tiendas de ropa, librerías de manga y estanterías llenas de figuras de anime. Samuel estaba en su salsa y se compró un par de figuras de Dragon Ball a muy buen precio.

También probamos uno de esos famosos snacks virales: una especie de moneda crujiente rellena de queso que estaba tan buena como prometía.

Dotonbori: luces, neones y takoyakis

Y entonces, sin darnos cuenta, llegamos a Dotonbori. Aquel lugar parecía sacado de una película futurista: rótulos luminosos con figuras de cangrejos gigantes, gyozas voladoras, pulpos animados, pantallas LED por todas partes, el canal iluminado, barcas con luces y anuncios… Nos quedamos boquiabiertos.

Obviamente, nos hicimos la foto con el mítico cartel del Glico Man, junto con otras mil más.

Cena con vistas al canal

Recorrimos cada rincón, entramos en locales llenos de máquinas de gancho, gachapon, videojuegos, y cuando el hambre apretó, elegimos uno de los puestos más icónicos de takoyakis para cenar. Nos sentamos en una pequeña mesa al borde del canal, con una cerveza en la mano y aquellas bolitas de pulpo humeantes delante, mientras las luces y el bullicio de la ciudad nos envolvían. Fue una cena sencilla, pero sin duda una de las mejores de todo el viaje.

Dotonbori (Osaka)

Regreso a Kioto y promesa de volver

Ya de noche y con pena por irnos, volvimos a la estación para coger el shinkansen de regreso a Kioto.

Los tres coincidimos: Osaka nos había dejado con ganas de mucho más. Pero lo bueno es que ahora tenemos una excusa perfecta para volver a Japón.

QUE COMER EN JAPON, Mucho más que pescado crudo.

📹 Puedes ver todo lo que te he contado en este post en el video de YouTube que te dejo aquí abajo.

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