FUSHIMI INARI Y NARA .Dia 8.

Nuestro último día en Kioto: Fushimi Inari y una escapada a Nara

Un cierre perfecto para nuestro viaje por Kioto

Era nuestro último día en Kioto y, aunque parezca mentira, aún nos quedaba por visitar uno de los templos más emblemáticos de la ciudad: Fushimi Inari Taisha. Habíamos dejado esta visita para el final de forma estratégica, ya que encajaba perfectamente con nuestra excursión del día a Nara. Por la ruta que hay que tomar, lo ideal es combinar ambas visitas en una sola jornada.

Cómo llegar a Fushimi Inari desde Kioto

Como cada mañana, tomamos la línea Nara desde la estación central de Kioto. Pero aquí va un consejo importante: si pensáis parar en Inari, evitad subir al tren rápido, ya que este no se detiene en la estación de Fushimi Inari.

Fushimi Inari Taisha: los torii más icónicos de Japón

Llegamos temprano, como solemos hacer, aunque ya había bastante gente. No es de extrañar, ya que Fushimi Inari es uno de los lugares más populares de Japón. Es famoso por sus miles de torii rojos que suben por la ladera de la montaña, formando un túnel mágico y muy fotogénico.

Al principio cuesta conseguir una foto sin gente, pero a medida que subes, el flujo de visitantes disminuye. Así puedes capturar esas imágenes tan icónicas rodeado de naturaleza y color.

Nosotros subimos hasta un punto donde se abre un gran lago, rodeado de pequeños santuarios y muchas estatuas de zorros, símbolo del dios Inari. Como el calor empezaba a apretar, iniciamos el descenso. En ese momento nos dimos cuenta de un detalle curioso: todos los torii tienen inscripciones. Resulta que las empresas los patrocinan y colocan sus nombres como una especie de ofrenda para pedir prosperidad. ¡Una curiosidad que no conocíamos!

Rumbo a Nara: la ciudad de los ciervos sagrados

De vuelta al tren, pusimos rumbo a Nara. Nada más llegar a la estación, nos dirigimos directamente al Parque de Nara, y lo primero que nos sorprendió fue la enorme cantidad de ciervos. ¡Muchísimos más que en Miyajima! Caminaban libremente por todas partes, como si fueran los auténticos dueños del lugar y nosotros meros invitados.

El templo Tōdai-ji y el Buda gigante

Nuestra primera parada fue el templo Tōdai-ji (¡ojo, no confundir con Kodaiji!). Este majestuoso edificio de madera alberga en su interior un Buda gigante que impone por su tamaño y presencia. La energía del lugar es especial.

Uno de los detalles más curiosos fue ver una columna con un agujero en su base, del tamaño de la nariz del Buda. La tradición dice que quien logre pasar por él recibirá suerte en los estudios. Samuel, por su complexión, pasó sin problemas. Nosotros… mejor ni intentarlo. ¡Una anécdota divertida para el recuerdo!

Interacción con los ciervos en el Parque de Nara

Seguimos explorando el parque, que es inmenso y precioso, con zonas verdes, bosques, arroyos y, por supuesto, ciervos por todas partes. Decidimos comprar unas galletas especiales para alimentarlos y, de repente, nos vimos completamente rodeados. Algunos ciervos se acercaban con la cabeza inclinada, como si hicieran una reverencia, y otros, más impacientes, nos daban pequeños mordiscos en la ropa o los brazos para llamar la atención.

El único que logró imponer algo de orden fue Emi, mi marido, que con un firme “¡quieto!” consiguió que los ciervos esperaran su turno. ¡A nosotros nos tenían totalmente dominados! Como en casa: ¡los perros solo obedecen a papá!

Una comida sencilla pero inolvidable en Nara

Con tanta caminata, ya teníamos hambre. Tras buscar un rato, encontramos una tiendecita local con algunas mesas para comer. Emi y Samuel pidieron curry japonés con arroz y katsu, mientras que yo opté por unos udon con verduras y tempura.

Como siempre, la comida estaba deliciosa y era sorprendentemente barata. La dueña, una señora mayor encantadora, hizo todo lo posible por comunicarse con nosotros y hacernos sentir bienvenidos. Fue una experiencia sencilla, pero muy entrañable.

Kasuga Taisha: un santuario entre linternas y naturaleza

Con energías renovadas, visitamos uno de los templos que más nos impactó: Kasuga Taisha. Este santuario está rodeado por un bosque sagrado y decorado con cientos de linternas de piedra y bronce, que durante los festivales se iluminan creando un ambiente mágico.

Caminamos por sus senderos entre árboles, arroyos y más ciervos, envueltos en una atmósfera casi mística. Parecía que el tiempo se detenía, como si ese lugar hubiera quedado suspendido entre lo antiguo y lo eterno. Fundado en el año 768, Kasuga Taisha conserva intacta su esencia.

Despedida de Nara y última noche en Kioto

Al salir del parque, pasamos por algunas tiendas cerca de la estación y tomamos el tren de regreso a Kioto. Antes de despedirnos de la ciudad, hicimos una parada poco tradicional: cenamos en un Burger King cerca de la estación. Después de tanto caminar, ¡nos supo a gloria!

El último paseo por las tiendas de la estación fue un momento cargado de nostalgia. Sabíamos que al día siguiente nos marchábamos, y nos costaba creer que dejábamos atrás una ciudad tan mágica como Kioto. Empacamos las maletas, ya a reventar por todas las compras, y nos fuimos a dormir sabiendo que estábamos cerrando un capítulo inolvidable de esta gran aventura en Japón.


ESTACION DE KIOTO

🎥 Aquí os dejamos el vídeo de YouTube

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