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ANDORRA, DIA 10, 11 Y 12

Después de pasar unos días mágicos en Europa Park y Rulantica, tocaba seguir la ruta en coche hasta nuestro siguiente destino: Andorra. Sabíamos que nos esperaba una jornada larga de carretera… pero lo que no imaginábamos era el final tan movidito que nos esperaba.

Salimos por la mañana desde Ettenheim, al sur de Alemania, y pasamos prácticamente todo el día en el coche. La ruta fue larga pero tranquila… hasta que llegamos al último tramo, ya en tierras andorranas.

Al empezar a subir un gran puerto de montaña, se nos hizo de noche. El GPS (no estamos seguros de si nos mandó por el mejor camino) nos dirigió por una carretera repleta de curvas. Para colmo, empezó a llover con fuerza, y entre la oscuridad, el mal tiempo y el cansancio, ese tramo final se nos hizo eterno. Como si fuera poco, ¡se nos cruzó un ciervo en plena carretera! ¡Vaya susto!

Afortunadamente, conseguimos llegar sanos y salvos al hotel, aunque tan agotados y tensos por el trayecto que ni cenamos. Solo queríamos meternos en la cama y descansar.

Nos alojamos en el Hotel Insitu Eurotel Andorra, que reservamos con desayuno incluido. Estuvimos dos noches en una habitación triple por 195 €, y también contratamos una plaza de aparcamiento en el hotel por unos 15 € al día, ya que aparcar en Andorra es complicado.

El hotel resultó ser cómodo, limpio y bien ubicado, ideal para lo que buscábamos: descansar y tener un punto base para nuestras excursiones.

Al día siguiente, tras desayunar, quedamos con unos amigos que también estaban en Andorra, y decidimos hacer una excursión en familia con varios niños (más pequeños que Samuel) y hasta perros. ¡Toda una expedición!

Nos fuimos en busca de los Tamarros, unas figuras de madera gigantes con aspecto de criaturas fantásticas, escondidas en distintos puntos de las montañas andorranas. Son parte de una ruta familiar que invita a descubrir la naturaleza de cada parroquia del país.

Nuestra primera parada fue el Tamarro Massa, ubicado en el Parque Natural Comunal de les Valls del Comapedrosa. Hay que hacer una caminata por la montaña, cruzando pequeños ríos, bosques y zonas rocosas hasta llegar a una presa con una bonita cascada. Allí estaba el tamarro, esperándonos como un guardián mágico del lugar. Fue toda una aventura en grupo, divertida y con ese puntito de exploración que tanto disfrutan los niños.

Después, nos dirigimos al Tamarro Caldes, cerca del precioso Lac d’Engolasters. Dejamos el coche en el parking y fuimos caminando hasta la figura, nos hicimos las fotos de rigor, y luego bajamos hasta el lago. Los niños lo pasaron genial corriendo, explorando y jugando a su aire, mientras los adultos disfrutábamos del paisaje espectacular y el buen tiempo.

Cuando se acercó la hora de comer, decidimos quedarnos allí mismo, en una especie de chiringuito con mesas de picnic al aire libre, junto al lago. Como íbamos con perros, no pudimos entrar al restaurante más formal, pero el picoteo que pedimos estuvo más que bien, y el entorno era tan agradable que no echamos nada en falta. Fue una de esas mañanas perfectas de verano en plena naturaleza.

Después de descansar un rato en el hotel y cenar algo por el centro, llegó el momento más esperado del día: nuestra visita a Caldea, el famoso spa termal de Andorra. Reservamos el turno de noche, por unos 35 € por persona, y la experiencia fue fantástica.

Estuvimos disfrutando de las piscinas, saunas, circuitos y espacios relajantes hasta bien entrada la noche. Al ser verano, había un espectáculo nocturno con luces, música y acrobacias en telas. Una violinista en directo acompañaba con su música cada movimiento de las artistas. Fue un broche espectacular para un día muy completo.

A la mañana siguiente, antes de dedicar el día a las compras, intentamos hacer una visita al Tobotronc, el famoso tobogán alpino de Naturlandia, que ya conocíamos de una visita anterior. Samuel tenía ganas de repetir, y pensábamos comprar solo la entrada para el tobogán como habíamos hecho aquella vez.

Pero nos encontramos con que ahora el acceso al Tobotronc forma parte de una entrada combinada al parque de actividades, y no era posible pagar solo por esa atracción. Como no teníamos mucho tiempo y no queríamos pasar el día completo en el parque, decidimos dejarlo para otra ocasión.

¡Una pena! Después de eso, nos fuimos a pasear por Andorra la Vella, recorrimos tiendas, centros comerciales y callejuelas, comparando precios y comprando algún que otro capricho: chocolate, queso, ropa… Lo típico en Andorra, pero siempre hace ilusión.

Con las maletas listas y cargadas, descansamos por la tarde para salir al día siguiente rumbo a Barcelona, nuestra siguiente parada del viaje.

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