TRIBERG + SCHILTACH. DIA 6

Nuestro sexto día de viaje lo dedicamos a conocer dos de los pueblos más populares de la Selva Negra: Triberg, famoso por sus relojes de cuco y sus cataratas, y Schiltach, un rincón de cuento que acabó robándonos el corazón.
Primera parada: Triberg, la cuna del reloj de cuco
Desde nuestro alojamiento, teníamos unos 60 km hasta Triberg, así que llegamos en menos de una hora.
Antes de entrar al pueblo hicimos una breve parada para visitar lo que se anuncia como “el reloj de cuco más grande del mundo”, una enorme tienda de recuerdos a las afueras.
Sinceramente, es una turistada… pero, oye, ya que estábamos allí, había que verlo. Y si te gustan los relojes de cuco o los souvenirs típicos alemanes, merece la parada.


Después continuamos hasta el centro del pueblo, donde encontramos fácilmente aparcamiento en un parking grande a la entrada, justo a la derecha.
Ya habíamos estado en Triberg en nuestro viaje de 2019, pero esta vez íbamos con amigos y quisimos repetir la visita.
El pueblo es realmente pintoresco: un río lo cruza entre casas de madera decoradas con pinturas y fachadas floridas, todo rodeado de montañas cubiertas de vegetación que enmarcan el paisaje como una postal.
Las cataratas de Triberg
La atracción más famosa del pueblo son sus cataratas, consideradas —al menos según los locales— las más altas de Alemania, con 163 metros de caída.
Y es que, en esto de “las más altas” o “las más grandes”, cada región barre para casa…
Cuando las visitamos en verano, el caudal era abundante y el entorno, precioso. Hay varios saltos de agua y se pueden recorrer distintos niveles a través de senderos y puentes de madera.
La entrada está justo al final de la calle principal del pueblo, y cuesta unos 6 € por persona.
Esta vez no entramos porque nuestros amigos preferían pasear, pero en 2019 sí lo hicimos y nos encantó. Dejamos unas fotos de aquella visita porque realmente vale la pena.



Mientras tanto, aprovechamos para pasear por las calles y visitar las tiendas de relojes de cuco y souvenirs que abundan en cada esquina.
Otra cosa que hicimos en 2019, y que no hicimos esta vez porque era muy temprano, fue probar una buena tarta Selva Negra (Schwarzwälder Kirschtorte), un clásico de la zona. Se elabora con capas de bizcocho, nata y cerezas maceradas en kirsch, un licor local. Ideal para los más golosos… y que viene perfecta para reponer energía después de tanto paseo.

Rumbo a Schiltach, un pueblo de postal
Después de disfrutar de Triberg, retomamos el coche rumbo a Schiltach, situado a 33 km. Este pequeño pueblo compite directamente con Gengenbach por el título de “el más bonito de la Selva Negra”, y tras visitarlo, entendemos por qué.
Aparcamos en un parking gratuito a la entrada del pueblo y empezamos a recorrerlo a pie.
Nada más girar la primera esquina, nos quedamos sin palabras: el río rodeado de casas con entramados de madera, las flores en los balcones y las montañas al fondo formaban una imagen perfecta.
Con el sol brillante de la tarde, parecía un escenario de película.




Un paseo de cuento
Schiltach es pequeño, pero tiene muchísimo encanto.
Sus calles empedradas y empinadas, el cuidado de sus fachadas y la armonía de colores hacen que parezca un pueblo de exposición.
La plaza principal, con el ayuntamiento de madera pintado, es preciosa, y las vistas desde lo alto del pueblo merecen el pequeño esfuerzo de subir.
También visitamos un museo gratuito, pequeño pero muy interesante, que muestra cómo vivían los habitantes del pueblo hace siglos. Nos encantó ese toque auténtico y local.


Una comida inesperada en las alturas
A esas horas —ya pasaban de las dos de la tarde— nos moríamos de hambre, pero el pueblo estaba bastante tranquilo y casi todo cerrado.
Solo encontramos un bar abierto que no nos convenció, así que decidimos buscar un restaurante que había visto por internet. Según Google Maps, estaba “cerca”… lo que en la Selva Negra puede significar cualquier cosa.
Empezamos a subir por una carretera de montaña llena de curvas, tramos de tierra y valles infinitos. Llegó un momento en que pensamos que nos habíamos perdido y que ese día nos tocaba ayunar.
Pero justo cuando estábamos a punto de darnos la vuelta, apareció el restaurante: Höhengasthaus Heuwies.
Era una granja tradicional en lo alto de la montaña, con vistas espectaculares y una terraza de madera al sol. Tenían animales, un ambiente relajado y, sobre todo, una cocina excelente.
Los dueños fueron encantadores y nos recomendaron varios platos, principalmente de carne y patatas, abundantes y sabrosos.
Fue, sin duda, la mejor comida de todo el viaje.
📍 Höhengasthaus Heuwies – Ver ubicación en Google Maps


Regreso y final del día
Después de comer (o más bien de festín), emprendimos el camino de regreso.
Bajar la montaña fue casi una aventura: carreteras estrechas, algún tramo de tierra y varios cruces ajustados con otros coches, pero finalmente llegamos sanos y salvos a nuestro alojamiento.
El día había sido completo: pueblos preciosos, paisajes increíbles y una comida memorable.
Esa noche nos quedamos descansando, porque los siguientes tres días nos esperaban los parques de atracciones… y había que recargar energía.
Aquí puedes ver nuestro video de YouTube sobre Triberg y Schiltach]
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