RUMBO A CHINA: NUESTRA ESCALA EN DOHA (QATAR) DIA 1.

Día 1. De Madrid a Doha: empieza la aventura
Todo gran viaje empieza igual: con nervios, mochilas revisadas veinte veces y la sensación de “¿nos dejamos algo?”. Nuestro viaje a China no iba a ser menos.
Salimos del aeropuerto de Madrid el 25 de agosto, y como hacemos casi siempre, reservamos plaza en el parking de AENA para dejar el coche durante todo el viaje. En esta ocasión fueron 17 días y nos costó 75 €, nada mal teniendo en cuenta la tranquilidad que te da olvidarte de traslados raros a horas intempestivas. Dejamos el coche en el parking de la T4 Satélite, que era desde donde salía nuestro vuelo, y un bus lanzadera nos llevó directamente a la terminal.
Aquí os dejo el enlace al parking de AENA por si os interesa: https://parking.aena.es/reservas/web/
Vuelo Madrid – Doha con Iberia (sí, Iberia)
El primer vuelo fue con Iberia hasta Doha, unas 7 horas de vuelo que se nos pasaron sorprendentemente bien. Y digo sorprendentemente porque solemos volar con aerolíneas extranjeras, pero esta vez… qué gustazo.
Todo en español (bendito español), el entretenimiento lleno de películas nuevas y también en español, y la comida… muy top. Será porque somos españoles (patria querida), pero cuando te ponen comida “de aquí” a 10.000 metros de altura, se disfruta el doble.
Para merendar nos dieron incluso un helado de Oreo (Samuel estaba en modo felicidad máxima ) y para cenar… ¡un bocata!. Resultado: Samuel decretó oficialmente que a partir de ahora solo quiere viajar con Iberia. Spoiler: no siempre va a poder ser, pero se intentará .
Este vuelo lo habíamos contratado directamente con Qatar Airways, aunque luego hacen estos acuerdos entre compañías y finalmente el primer tramo fue con Iberia. Al principio no sabíamos si eso sería bueno o malo… y acabó siendo una experiencia muy positiva.
Escala larga en Doha (porque nosotros somos así)
Llegamos a Doha y nos esperaba una escala de unas 8 horas. No fue casualidad: las cogemos a propósito porque, además de ahorrarte unos euros, siempre que podemos nos encanta aprovechar las escalas para conocer un poquito la ciudad.
El aeropuerto de Doha es gigantesco. En serio. Gigantesco nivel “crees que ya has llegado y no”. Pero nosotros, sin perder tiempo y sin maletas (todo iba facturado hasta destino final), solo con mochilas pequeñas, nos fuimos directos a salir del aeropuerto.
Eran aproximadamente las 6 de la tarde (hora local) y ya era de noche. Seguimos las indicaciones, pasamos inmigración y, tras una buena caminata (otro recordatorio de lo enorme que es el aeropuerto), llegamos al metro que conecta el aeropuerto con la ciudad.
Antes de subir compramos pases de día, que nos sirvieron tanto para ir como para volver al aeropuerto. Nos costaron 6 riales cataríes, que vienen a ser unos 1,50 € al cambio. Sí, has leído bien. Baratísimo.

En unos 25 minutos de metro llegamos a Souq Waqif, el zoco más famoso de la ciudad y nuestra primera toma de contacto con Qatar.
Y ahí, entre luces, olores, tiendas y ese ambiente tan especial de los zocos árabes, empezó de verdad nuestro viaje.
Souq Waqif, calor extremo y primera cena en Qatar
Aquí os dejaré una captura de Google Maps con el recorrido en metro, porque no tiene pérdida: sales del metro y ya estás prácticamente dentro del zoco. Más fácil, imposible.
Hay que subir a la linea «RED» hasta la parada llamada MSHEIREB y luego coger la linea «GOLD» hasta SOUQ WAQIF.
Una de las cosas que más nos llamó la atención del metro fue algo tan simple como los dibujitos que indican los vagones. Hay vagones solo para hombres y otros para familias y/o mujeres, y eso se refleja claramente en los iconos: el del hombre es una silueta con su túnica tradicional y el pañuelo en la cabeza (que luego supe que se llama ghutra), y el de las mujeres… pues sí, con burka. Impacta verlo, no os voy a engañar, pero forma parte de la cultura del país.

Por lo demás, el metro estaba impecable: moderno, silencioso, limpísimo… daba gusto.
Salimos del metro y de repente… ¿PERO QUÉ ES ESTO? Un calor de otro nivel. Nunca habíamos sentido algo así. Estaríamos tranquilamente a 45 grados, y eso que era de noche. Nosotros, que somos del Levante y estamos acostumbrados al calor (y al sudar), aquello era distinto: era como caminar dentro de un horno. Literal.
Poco a poco fuimos consiguiendo respirar, aunque costaba. De vez en cuando nos acercábamos estratégicamente a algún local para absorber aire acondicionado y no morir en el intento. Plan de supervivencia nivel experto.




Aun así, el zoco nos encantó. Edificios típicos de medina árabe, de tonos marrones, con formas arabescas, preciosos. Tiendas de lámparas espectaculares, túnicas, joyas… había absolutamente de todo. Incluso animales. Y sí, pese al calor infernal, había bastante ambiente.
Dimos varias vueltas y decidimos ir caminando hacia el paseo marítimo para ver el skyline. De camino pasamos por unos solares donde había camellos durmiendo tranquilamente, ajenos al calor y a la vida moderna de Doha. Escena surrealista pero muy auténtica.


Después de cruzar una avenida enorme, llena de cochazos que no paraban de pasar, llegamos al punto perfecto para hacernos fotos. El skyline de Doha iluminado, con rascacielos de colores, es un auténtico espectáculo. Impresiona mucho más en directo.

Tras las fotos, volvimos al zoco en busca de algo para cenar. No teníamos mucha hambre (el avión nos había tratado demasiado bien), pero andando, andando, llegamos a una de las avenidas principales de la medina y empezamos a notar algo maravilloso… fresquito.
No entendíamos de dónde venía hasta que nos dimos cuenta de que desde el suelo salía aire acondicionado por unas rejillas. Sí, aire acondicionado en plena calle. Cosas de países con petróleo y mucho dinero. Nosotros no preguntamos: lo disfrutamos.
Justo allí había un restaurante yemení con mesas en el exterior y decidimos que ese era nuestro sitio. Nos sentamos a cenar y, con la carta en inglés y un poco de intuición (y fe), pedimos una especie de menú para los tres.
Nos trajeron primero una sopa caliente para cada uno, que al principio no nos hacía ninguna ilusión con ese calor… pero estaba buenísima y cayó entera. Luego llegó un plato de cordero con arroz, otro plato de carne en salsa muy especiada, y unas tortas de pan espectaculares que nos encantaron. Todo acompañado de cebolla y limón, que suponemos que era para aliñar el arroz o la carne (no lo tenemos del todo claro, pero funcionaba).
Y, cómo no, Coca-Colas.
Cenamos más que bien, con el fresquito artificial de la calle, pagamos con tarjeta sin problema y todo nos costó 22 € al cambio. El restaurante se llamaba Bandar Aden Restaurant, y fue todo un acierto.


Después dimos un último paseo por el zoco y, cuando el cuerpo ya dijo basta (sobre todo por el calor), decidimos volver al aeropuerto. Nuestro vuelo salía a la 1:45 de la madrugada, así que tocaba regresar.
Volvimos a pasar por inmigración, nos dirigimos a nuestra puerta de embarque y esperamos tranquilamente. A la hora indicada, embarcamos rumbo a Pekín.
Esta vez volábamos con una aerolínea china llamada Xiamen Airlines. El vuelo no fue incómodo, pero… digamos que la comida y el entretenimiento ya no estaban al nivel del tramo anterior. Pero eso ya era otro capítulo de la aventura.
China nos estaba esperando.
AQUI TIENES NUESTRO VIDEO DE YOUTUBE DE ESTE PRIMER DIA DE VIAJE
¿Suscríbete!! Y síguenos en nuestras aventuras.

Un comentario