EXCURSION AL PARQUE NACIONAL DE ANG THONG, DIA 14.

La excursión más esperada de nuestro viaje
Para nuestro penúltimo día en Tailandia teníamos planeada una de las actividades que más ilusión nos hacía: una excursión al Parque Nacional Marino de Ang Thong, un conjunto de 42 islas tropicales que se extienden frente a la costa de Koh Samui.
Reservamos la actividad a través de la aplicación Get Your Guide para el 3 de septiembre, y nos costó 3564 baths los tres, que vienen a ser unos 34 euros por persona, aproximadamente.
A las 7:30 de la mañana nos recogieron en nuestro hotel para llevarnos al muelle de Nathon, en la costa oeste de la isla, donde embarcaríamos rumbo a esta joya natural del Golfo de Tailandia.
Rumbo al paraíso
Antes de subir al barco nos ofrecieron pastillas para el mareo —que aceptamos encantados—, y durante el trayecto, de unas hora y media, pudimos disfrutar de té, café y algo de desayuno ligero.
El barco era bastante grande, lo que ayudó a que el viaje fuera muy tranquilo. Además, el mar estaba en calma y el día salió espectacular, con ese cielo azul que parece pintado.
Mientras avanzábamos, el paisaje se iba llenando de pequeñas islas cubiertas de vegetación, acantilados que se alzaban sobre el agua turquesa y formaciones rocosas que parecían sacadas de una película.




La isla de Wua Ta Lap y el mirador más famoso
Nuestra primera parada fue Wua Ta Lap, la isla más conocida del parque y donde se encuentran las vistas más emblemáticas de Ang Thong.
Aquí nos dieron unas dos horas libres para explorar, descansar en la playa o subir al mirador.
Nosotros, por supuesto, elegimos la segunda opción: queríamos ver con nuestros propios ojos ese paisaje de postal que tantas veces habíamos visto en fotos.
La subida no fue precisamente un paseo. El mirador más alto está a 500 metros sobre el nivel del mar, y el camino es corto pero muy empinado, con raíces, rocas y cuerdas que sirven de apoyo. Hay cinco puntos de descanso señalizados, pero con el calor y la humedad se hace realmente duro.
Samuel y Emi subieron sin problema, pero yo (la mamá) lo pasé regular. Aun así, con paciencia y varias paradas, conseguimos llegar hasta la cima.
Cuando llegamos, nos encontramos una escena de lo más curiosa: Samuel, que había llegado el primero, se había convertido en el fotógrafo oficial del mirador.
Como había bastantes turistas españoles, empezaron a pedirle que les hiciera fotos con las vistas, y él, encantado, se pasó un buen rato haciendo retratos a todo el mundo.
Nos hizo mucha gracia verlo tan integrado allí arriba, cámara en mano, mientras nosotros aún tratábamos de recuperar el aliento.
Y el esfuerzo, sin duda, valió la pena. Desde la cima se contempla una vista panorámica impresionante de las 42 islas que forman el parque. Un mar esmeralda salpicado de montañas verdes, rodeado de pequeñas playas blancas. Uno de esos paisajes que te dejan sin palabras.
Eso sí, la bajada fue igual o más complicada… sobre todo porque llevaba sandalias, y con el calor se me resbalaban los pies. Consejo importante: llevad zapatillas deportivas cómodas, porque el terreno lo pide.






Comida a bordo y segunda isla
Regresamos al barco con el tiempo justo para disfrutar de una comida tipo buffet que nos sentó de maravilla. Después de tanto esfuerzo, todo nos supo delicioso.
El ambiente era relajado, y el barco navegaba entre islas con formas caprichosas, mientras el guía nos contaba curiosidades sobre el parque: su nombre significa “Cesta de Oro” y fue declarado parque nacional en 1980.
En algunas de sus islas viven monos, iguanas y aves marinas, aunque solo unas pocas están abiertas al turismo.
Nuestra siguiente parada fue otra de esas islas paradisíacas, donde se puede subir a un mirador para ver la laguna azul, un pequeño lago salado que se formó dentro de un cráter y está conectado con el mar a través de túneles subterráneos.
Nosotros decidimos no subir esta vez y quedarnos en la playa, dándonos un baño en sus aguas cristalinas.
Allí nos ofrecieron gafas y tubos para hacer snorkel, pero la verdad es que fue bastante decepcionante: al estar tan cerca de la orilla, no había prácticamente vida marina.
Cuando vimos que en el folleto de la excursión ponía “snorkel”, pensábamos que el barco pararía en algún arrecife de coral espectacular, pero no fue así. Fue uno de los puntos negativos del día, porque esperábamos algo más.




Kayak entre acantilados
Después del baño tocaba una actividad que nos encantó: kayak entre los acantilados.
El entorno era una maravilla: enormes paredes de roca cubiertas de vegetación y un mar turquesa que parecía pintado.
Eso sí, tuvimos un pequeño percance: nos tocó un kayak que se hundía, y acabamos más de una vez en el agua.
Con el calor que hacía, casi se agradecía, pero no dejaba de tener su punto cómico.
Al final nos cambiaron de kayak y pudimos completar la travesía disfrutando del paisaje.

Regreso a Koh Samui
A media tarde volvimos al barco y emprendimos el camino de regreso a Koh Samui.
El viaje de vuelta fue tranquilo al principio, con ese cansancio feliz de quien ha tenido un día intenso pero lleno de experiencias.
Sin embargo, a mitad de camino el cielo empezó a oscurecerse de golpe. En cuestión de minutos, se formaron nubes negras sobre el horizonte y nos cayó una buena tromba de agua.
El viento se levantó, las olas empezaron a golpear con más fuerza y todos tuvimos que refugiarnos dentro del barco.
Dentro de lo malo, tuvimos suerte: la lluvia llegó justo cuando ya volvíamos, así que no nos estropeó la excursión.
Fue casi el broche final del día, como si el cielo nos despidiera con un espectáculo tropical.
Ya en el puerto, una furgoneta nos devolvió al hotel, donde solo tuvimos tiempo para darnos una buena ducha, cenar algo en el restaurante y empezar a preparar las maletas.
Al día siguiente volábamos temprano de regreso a Bangkok, nuestra última parada en Tailandia.



Nuestras impresiones
El Parque Nacional Marino de Ang Thong es un lugar impresionante, de esos que parecen sacados de una postal.
Sin embargo, como suele pasar en este tipo de excursiones organizadas, los tiempos están muy marcados y apenas da tiempo a disfrutar con calma de cada parada.
Aun así, fue una experiencia inolvidable, especialmente por las vistas desde el mirador de Wua Ta Lap y el recorrido en kayak entre los acantilados.
Eso sí, si planeas hacer esta excursión, lleva buen calzado, agua, protector solar y algo de paciencia para las subidas.
Y si vas buscando hacer snorkel, que sepas que no es el punto fuerte del tour.
Conclusión
Terminamos el día agotados, empapados de sudor y sal, pero con la sensación de haber estado en un auténtico paraíso natural.
Ang Thong fue una de esas excursiones que se viven con esfuerzo, pero también con emoción y asombro.
Y aunque nos quedamos con ganas de más tiempo para disfrutarlo, fue el broche perfecto a nuestros días en Koh Samui

muy buena web
Graciassss