GERO ONSEN, EXPERIENCIA EN UN RYOKAN TRADICIONAL, Dia 9.

De Kioto a Gero Onsen: una parada para desconectar en los Alpes japoneses
Después de despedirnos de la preciosa Kioto, tocaba seguir el viaje rumbo a Tokio. Pero como la ruta era larga y el cansancio ya empezaba a pesar, decidimos hacer una parada de una noche a medio camino para desconectar y descubrir un pedacito de los Alpes japoneses.
La idea inicial era pasar el día en Takayama, explorar su famoso casco antiguo, y luego dormir en Gero Onsen, un pueblo termal cercano. Pero, sinceramente, el cuerpo nos pedía bajar el ritmo, así que cancelamos la visita a Takayama y fuimos directamente a Gero. ¡Otro motivo más para volver a Japón!
El trayecto en tren hasta Gero Onsen con JR Pass
Nos levantamos como siempre temprano, esta vez arrastrando nuestras maletas, y nos fuimos a la estación central de Kioto. Subimos a un tren bala rumbo a Nagoya (unos 40 minutos), y de ahí cogimos el Limited Express Wide View Hida, un tren panorámico espectacular que hace un recorrido precioso por los Alpes japoneses. Fueron unas 2 horas y media de trayecto, todo incluido con el JR Pass.

Llegada al ryokan Bosenkan y primeras impresiones del pueblo
En vez de bajarnos en Takayama como habíamos planeado, nos bajamos directamente en Gero Onsen. Desde allí, un taxi (incluido en el precio del alojamiento) nos llevó hasta el ryokan Bosenkan, donde pasaríamos la noche. Aunque aún era temprano y la habitación no estaba lista, dejamos las maletas y salimos a explorar el pueblo.
Explorando Gero Onsen: tranquilidad entre montañas y río
Gero Onsen está rodeado de montañas frondosas y atravesado por un río enorme que le da un aire muy especial. Es un sitio tranquilo, de esos que se te quedan grabados por su ambiente tradicional, con casitas de madera y calles silenciosas. Como sabíamos que la cena en el ryokan sería a las ¡6 de la tarde!, decidimos comer pronto y nos metimos en un restaurante donde probamos una deliciosa carne de Hida, típica de la zona, servida con noodles y arroz. ¡De lo mejor del viaje!




Primera experiencia en el onsen… ¡en pleno julio!
Subimos a la habitación, que ya estaba preparada, nos colocamos los yukata (esas batas tradicionales de algodón que te dejan en los ryokan) y nos fuimos al onsen. Era muy bonito, todo de madera, con un toque rústico y tradicional, pero había un pequeño detalle que no habíamos tenido en cuenta… ¡era julio y hacía un calor infernal! Y claro, el agua del onsen, que está casi hirviendo, no ayudaba mucho. Aguantamos como valientes un par de minutos, solo por decir que lo habíamos probado, pero salimos sudando como si hubiéramos estado en una sauna. Eso sí, nos reímos un montón y nos quedó la anécdota.

Paseo por el jardín japonés del ryokan
Con los yukata puestos y el calor todavía en el cuerpo, salimos a dar un paseo por el precioso jardín japonés del hotel. Un lugar lleno de armonía y detalles: un pequeño estanque con peces, una fuente de piedra que sonaba como un susurro, árboles perfectamente podados y un puente de madera que cruzaba el agua. Todo rodeado por el verde intenso de las montañas. Era como caminar dentro de una postal.
Fue un momento muy tranquilo y especial, de esos que te obligan a parar y respirar hondo. Pero lo mejor vino cuando subimos de nuevo a la habitación y desde el ventanal…




Vistas espectaculares al río Hida y al pueblo
¡Las vistas eran simplemente espectaculares!
Estábamos justo frente al río Hida, cuyas aguas bajaban con fuerza, cristalinas y llenas de vida. Un puente de hierro lo cruzaba, dándole un aire de película antigua japonesa, y más allá se extendía el pueblecito, con sus casas de madera y tejados oscuros, todo rodeado de un mar de montañas verdes que se perdían en el horizonte. Nos quedamos embobados mirando por la ventana, sin decir nada, solo escuchando el sonido del río y dejando que la calma nos envolviera. Fue uno de esos momentos mágicos que solo se viven viajando.

Así era nuestra habitación tradicional japonesa
La habitación era toda una experiencia en sí misma: al entrar había un espacio para dejar los zapatos, un baño con una mini bañera, el inevitable váter japonés con más botones que una nave espacial, y luego dos estancias. Una tipo salón con mesa bajita y sillas sin patas para sentarse en el suelo, y otra zona con tatami donde nos colocaron los futones para dormir.




Cena kaiseki en el ryokan: una experiencia cultural
A las seis en punto bajamos a cenar. No teníamos mucha hambre, pero la experiencia lo merecía. La cena fue impresionante: una bandeja enorme llena de pequeños platillos delicadamente presentados. Pescado, carne de Hida, verduras, cosas que no sabíamos identificar… A Emi y a Samuel no les convenció mucho, pero a mí me encantó. Más allá de los sabores, la experiencia fue preciosa. Cuidaban cada detalle y todo se hacía con calma y respeto.


🍜¿QUE COMER EN JAPÓN? Mucho más que pescado crudo
Durmiendo en futón: una experiencia… diferente
Después de cenar subimos directamente a la habitación. Tocaba probar los famosos futones. Sinceramente… no dormimos muy bien. La experiencia fue curiosa, pero no repetiremos, ¡al menos no por gusto! 😂

Desayuno japonés tradicional antes de partir a Tokio
A la mañana siguiente, nos levantamos pronto y bajamos a desayunar. Y otra vez nos esperaba una mesa llena de cosas: pescado, arroz, verduras, té… cero café ni tostadas. Eso sí, había arroz, huevo, algo de jamón y fruta, así que nos apañamos como pudimos. Yo preferí la cena, pero había que probarlo todo.




Rumbo a Tokio: despedida de Gero Onsen
El hotel nos llevó a la estación en un mini autobús de cortesía y desde allí pusimos rumbo a Tokio.
Pero eso… ¡os lo contamos en el próximo blog!


