MIYAJIMA E HIROSHIMA. Dia 7.

Nuestro sexto día en Japón comenzó, como era habitual durante todo el viaje, bien temprano por la mañana. Tras un desayuno rápido a base de café, batidos y algún bollito comprado en nuestro konbini favorito, nos dirigimos a la estación central de Kioto. La jornada prometía ser intensa, y estábamos decididos a aprovechar al máximo el JR Pass.

De Kioto a Hiroshima en tren bala

Subimos a un tren bala (shinkansen) con destino a Hiroshima. El trayecto duró aproximadamente una hora y 45 minutos, y desde allí tomamos un tren local de la línea JR Sanyo hasta la estación de Miyajimaguchi, en un trayecto de unos 25 minutos.

Al llegar, caminamos hasta la terminal de ferries y abordamos el ferry JR rumbo a la isla de Miyajima, que también está incluido en el JR Pass. Por suerte, ese día no llovía, aunque el cielo seguía algo nublado. El viaje en ferry duró apenas 10 minutos y ofreció unas vistas preciosas del mar y del gran torii flotante del santuario de Itsukushima, que se puede divisar a lo lejos conforme te acercas.

Descubriendo la isla de Miyajima

Nada más poner pie en la isla, lo primero que nos sorprendió fue la cantidad de ciervos que se pasean libremente por todas partes. Caminamos directamente hasta el gran torii, y como la marea estaba baja, pudimos llegar andando hasta su base.

Aunque es cierto que la imagen más icónica del torii es con marea alta, cuando parece flotar sobre el agua, nos pareció igualmente impresionante verlo tan de cerca. Muy cerca del torii se encuentra el santuario de Itsukushima, de un rojo intenso y construido sobre pilotes. No entramos porque a esas alturas del viaje ya llevábamos una buena dosis de templos, pero lo contemplamos desde fuera y nos pareció precioso.

Después subimos a una colina donde se alza una elegante pagoda de cinco pisos junto a un gran pabellón. Desde allí se tienen vistas muy bonitas de la isla. Más tarde descendimos hacia la zona comercial de Miyajima, repleta de tiendas de souvenirs, artesanía local y especialidades gastronómicas. Durante el paseo seguimos cruzándonos con los simpáticos ciervos.

Comida local y tranquilidad en Miyajima

Cuando el hambre empezó a apretar, encontramos un pequeño restaurante humilde, donde una señora encantadora cocinó delante de nosotros dos deliciosos okonomiyakis y un plato de yakisoba con huevo frito para Samuel. Comimos de maravilla y muy barato. Como en la mayoría de los restaurantes en Japón, nos ofrecieron té y agua fresca de forma gratuita, así que no pagamos ni la bebida.

Tras la comida, seguimos caminando hasta llegar a una zona más tranquila de la isla, con casas tradicionales, un pequeño canal y otro templo. Allí vimos a gente refrescándose los pies en el agua, y también a ciervos bebiendo. Fue, sin duda, la parte más bonita y serena de Miyajima.

¿Merece la pena visitar Miyajima desde Kioto?

Nos encantó Miyajima, pero hay que reconocer que el cansancio acumulado empezaba a hacer mella, y el viaje hasta allí desde Kioto es largo. Si estás pensando en visitar la isla, alojarse una noche en Hiroshima tiene mucho más sentido. Ir y volver en un día desde Kioto es bastante intenso.

Breve visita a Hiroshima

Ya que estábamos tan cerca, decidimos aprovechar para ver algo de Hiroshima. Tomamos de nuevo el tren hasta la ciudad y, al salir de la estación, cogimos un autobús turístico que recorre los principales puntos de interés por un precio razonable (no recordamos la cantidad exacta).

Nuestra primera parada fue el castillo de Hiroshima, donde apenas había visitantes y pudimos pasear con tranquilidad por los alrededores. Luego continuamos hasta el Parque Memorial de la Paz, un lugar sobrecogedor dedicado a las víctimas de la bomba atómica.

Paseamos hasta la emblemática Cúpula Genbaku, uno de los pocos edificios que quedaron en pie tras la explosión. Se conserva tal cual como símbolo y advertencia para el futuro, y verlo en persona es realmente impactante.

Compras inesperadas y regreso a Kioto

Después de este momento de reflexión, nos dirigimos a la zona comercial de Hiroshima, donde hicimos algunas compras inesperadamente interesantes y a precios increíbles. Finalmente, regresamos a la estación y, antes de tomar el tren bala de vuelta a Kioto, compramos unos bocadillos de carne teriyaki en una cadena de comida japonesa que había allí mismo.

Nos los comimos en el shinkansen, aprovechando el trayecto para cenar sin perder tiempo. Ya con el estómago lleno y los pies agotados, llegamos al hotel y nos fuimos directamente a descansar.

Os dejamos el video de Youtube.


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