RUMBO A ASIA, CON ESCALA EN ESTAMBUL. DIA 1.
Por fin llegó el día. Después de tantos meses organizando el viaje, cerrando hoteles, vuelos y anotando todo en mi famosa libreta… ¡tocaba poner rumbo a Asia otra vez! Esta vez con un extra muy especial: una escala larga en Estambul que convertiría nuestro viaje a Tailandia en una aventura aún más completa.
Salimos de casa temprano rumbo al aeropuerto de Valencia. Habíamos reservado por la web de AENA el parking de larga estancia para todos los días del viaje, así que dejamos allí el coche y con nuestras maletas nos dirigimos directamente a la terminal. Nuestro vuelo salía a las 11:55h de la mañana con Turkish Airlines.
Fuimos de los primeros en facturar. Llevábamos tres maletas de cabina y, como truco viajero, metimos una dentro de una maleta más grande vacía que facturamos directamente a Bangkok (¡nunca se sabe cuánto vamos a comprar por el camino!). También llevábamos cada uno una mochila con ropa para un día y nuestras cosas más valiosas: cámaras, tablets, documentación…

AQUI TE EXPLICAMOS TODO SOBRE LOS PREPARATIVOS DE NUESTRO VIAJE A TAILANDIA
El vuelo salió con algo de retraso, unos 30 minutos, pero nada grave. Aterrizamos en Estambul alrededor de las 17:30h. La experiencia con Turkish Airlines fue excelente: asientos cómodos, comida muy buena, y un sistema de entretenimiento con muchísimas pelis y series en castellano. ¡Se pasó volando!

Una de las cosas que más ilusión nos hizo fue descubrir que con escalas de más de 20 horas, Turkish Airlines ofrece una noche de hotel gratis con desayuno incluido. Lo solicité con antelación desde su propia web a través del programa «Stopover» y… ¡nos lo concedieron! Así que al llegar solo teníamos que disfrutar.
MAS INFORMACION SOBRE EL STOPOVER DE TURKISH AIRLINES : https://www.turkishairlines.com/es-int/flights/stopover/index.html
El aeropuerto de Estambul es gigante. Nada más llegar pasamos inmigración, cambiamos algo de dinero a liras turcas y bajamos a la planta -2 para coger el autobús Havaist hasta el centro. Nos costó unos 5€ al cambio. Eso sí… el tráfico era una locura total. Tardamos muchísimo en llegar al centro, así que si vais, os recomendamos que uséis el metro M11, que nosotros descubrimos al día siguiente para volver y fue mucho más rápido, cómodo y barato.
Una vez en el centro, cogimos un tranvía que nos dejó (gracias a Google Maps, que fue nuestro salvavidas) en el barrio de Sultanahmet, donde se encontraba nuestro hotel: el Hotel Grand Yavuz. La decoración era un poco estilo palacio antiguo, pero estaba todo muy limpio, y lo mejor era su ubicación: a un paso de las dos mezquitas más famosas de la ciudad.
Dejamos las cosas, nos refrescamos un poco y salimos a la calle, ya de noche. Estábamos hambrientos y lo primero fue buscar un sitio donde probar el auténtico kebap turco. Acertamos de lleno: unos döners de ternera riquísimos, una especie de pizza turca con queso, salsas de yogur y pepino, y pan turco para mojar… ¡una delicia! Toda la cena nos costó unos 30€ al cambio. Nada mal para los tres.

Después, con el estómago lleno y la emoción a tope, fuimos paseando tranquilamente hasta la imponente Mezquita Azul. Aunque ya estaba cerrada al turismo, había gente dentro rezando y con la iluminación nocturna, las voces del rezo y ese aire místico… fue un momento muy especial.




Seguimos explorando los alrededores: vimos los famosos vendedores de helado turco haciendo sus shows, recorrimos calles llenas de tiendas, plazas, gente local y turistas… todo con un ambiente muy sano y agradable. Algo que nos llamó muchísimo la atención fue la cantidad de gatos y perros callejeros que vimos, todos aparentemente muy bien cuidados. ¡Estambul ya nos había enamorado!


Nos fuimos a descansar al hotel sabiendo que al día siguiente aún teníamos toda una mañana para seguir descubriendo esta ciudad tan única antes de nuestro vuelo hacia Bangkok.
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