PRIMER DÍA EN BANGKOK: ATERRIZAJE, TEMPLOS, RISAS…Y MUCHO CALOR. DIA 3
Después de más de 9 horas de vuelo desde Estambul, por fin aterrizamos en Bangkok a las 6:30 de la mañana, hora tailandesa. Aunque habíamos dormido algo en el avión, para nuestros cuerpos era de noche y el cansancio se notaba. Aun así, sabíamos que lo mejor para combatir el jet lag era aguantar como fuera y adaptarse rápido al horario local.
Ya habíamos desayunado en el avión, así que nos dirigimos directamente a hacer los primeros trámites: recoger las maletas, cambiar algo de dinero y coger el tren hacia la ciudad.
Cambio de dinero en el aeropuerto: mejor en SuperRich
Bajamos a la planta -2 del aeropuerto de Suvarnabhumi, donde se encuentra el Airport Rail Link, un tren rápido que conecta el aeropuerto con el centro de Bangkok en unos 25 minutos.
Justo antes de entrar a la estación, a mano izquierda, están las casas de cambio. Habíamos leído que SuperRich (la de color naranja) ofrece uno de los mejores tipos de cambio, así que fuimos allí. Nos pidieron el pasaporte y cambiamos solo una pequeña cantidad, ya que sabíamos que en la ciudad encontraríamos mejor cambio en alguna de sus más de 40 sucursales.
PREPARATIVOS VIAJE A TAILANDIA
El Airport Rail Link y conexión con el BTS
Compramos nuestros tickets (en realidad son unas fichas redondas de plástico, unos 45 baht por persona) y subimos al tren. La última parada, Phaya Thai, conecta con el BTS (el Skytrain) y otras líneas de transporte. Desde allí, tomamos el BTS para llegar al barrio de Silom, donde habíamos reservado el hotel.
Dato práctico sobre el BTS: el BTS es un tren elevado que recorre la ciudad por dos líneas principales: Silom Line y Sukhumvit Line. Se paga por trayecto según la distancia; puedes comprar los billetes en las ventanillas o en máquinas que están en varios idiomas, incluido el inglés. Muy útil para evitar el intenso tráfico de Bangkok.
En nuestro caso, hicimos un cambio de línea en la parada de Siam y nos bajamos en Surasak, la más cercana a nuestro hotel.
Perdidos bajo el calor… y rescatados por un Starbucks
Aquí cometí mi primer error de principiante: aún no tenía internet, pero me fié de haber memorizado el recorrido hasta el hotel… craso error. Salimos por la salida equivocada y nos perdimos, con las maletas a cuestas y un calor sofocante que nos dejaba empapados. Agotados, nos refugiamos en un Starbucks, pedimos un refresco y aprovechamos su wifi para ubicarnos y hacer una captura del mapa. Lo que debía ser una caminata de 5 minutos nos costó casi una hora.
Consejo importante: si aún no tienes internet al llegar, lleva un mapa claro y descargado, o considera coger un taxi o tuk-tuk si vas muy cargado.
Ducha salvadora y primera SIM tailandesa
Llegamos finalmente al Hilton Garden Inn Bangkok Silom, pero era muy temprano y aún no podíamos entrar en la habitación. Dejamos las maletas en consigna y preguntamos si había forma de ducharnos, ya que estábamos empapados. Por suerte, nos dejaron usar los vestuarios de la piscina, donde pudimos darnos una ducha, cambiarnos y empezar el día como personas nuevas.
Salimos a buscar una tarjeta SIM para tener internet y evitar nuevos despistes. Entramos en un 7-Eleven cercano y compramos una tarjeta de datos ilimitados para todo el viaje, por 699 baht. También encontramos una nueva sucursal de SuperRich y aprovechamos para cambiar más dinero, ¡con un tipo de cambio aún mejor que en el aeropuerto! Mientras esperábamos en la sala de cambio, Samuel se quedó dormido sentado… ¡hoy iba a ser un día largo!
Visita al templo Wat Paknam Phasi Charoen
Como aún faltaba tiempo para poder entrar en la habitación, decidimos aprovechar para visitar un templo que quedaba algo lejos del resto de nuestras rutas: el Wat Paknam Phasi Charoen, al oeste de la ciudad, famoso por su gran Buda dorado junto al canal. Cogimos el BTS hasta allí.
Lamentablemente, el Buda estaba en obras, cubierto de andamios, así que no lucía mucho. Aun así, en los alrededores hay varios templos gratuitos muy bonitos y una pagoda blanca impresionante, junto al Buda. En la planta baja hay un pequeño museo con objetos históricos, y se puede subir en ascensor hasta la última planta, donde se encuentra un interior espectacularmente pintado, con murales de colores vibrantes y vistas traseras del Buda dorado.




Dato práctico: la entrada al complejo es gratuita y se puede visitar todos los días. Se recomienda vestir con ropa adecuada (hombros y rodillas cubiertos).
Después de pasear un rato por los canales y comprar agua fresquita (el calor era terrible), volvimos al BTS. Esta vez sí, gracias a mi amigo Google Maps, sin perdernos.
GUIA PRÁCTICA DE BANGKOK
Descanso en el hotel y rumbo a Chinatown… en bus “vintage”
Ya de vuelta en el hotel, por fin pudimos hacer el check-in. Nuestra habitación era amplia, moderna y con buenas vistas a los rascacielos de Bangkok. Aunque no queríamos dormir, el cuerpo nos pedía una pausa, así que nos echamos un ratito y nos volvimos a duchar… porque sí, en Bangkok en agosto te duchas dos veces al día como mínimo.
No comimos nada formal, solo picamos lo que teníamos en la mochila del avión, y salimos de nuevo. Esta vez queríamos visitar Chinatown, así que buscamos una parada de autobús cercana.
El bus que cogimos fue… una aventura. No tenía ventanas ni aire acondicionado, solo unos ventiladores que no funcionaban, los asientos estaban rotos, y sin embargo… ¡nos encantó! Era baratísimo (unos 10 baht) y nos reímos muchísimo. De hecho, acabamos cogiéndolo más veces durante el viaje.
Nos bajamos delante del centro comercial Mega Plaza, una especie de paraíso para amantes del anime y los juguetes, con 6 plantas de tiendas. Samuel se compró una figura de Goku Black bastante grande por solo 15€, cuando en España costaría el triple. Misión cumplida: niño contento.
Muy cerca está el Ong Ang Canal, un canal restaurado que se convierte en un mercado peatonal los fines de semana, con música, puestos de artesanía y comida. Aunque era viernes no sabemos porqué pero estaba cerrado, mala suerte.
Desde allí, continuamos caminando hasta Chinatown, que está a solo unos minutos a pie.
Pasear por sus calles es una auténtica experiencia: los carteles luminosos en chino, el caos de motos y tuk tuks, los olores intensos, y sobre todo, la comida callejera. Hay una cantidad impresionante de puestos vendiendo de todo: dim sum, mariscos, pad thai, brochetas, sopas, frutas tropicales, postres… La fama de la gastronomía callejera en esta zona es tal que algunos puestos incluso tienen premios de la Guía Michelin, lo que demuestra la calidad de lo que ofrecen a pesar de ser comida rápida y barata. La tentación está en cada esquina y el ambiente es vibrante y auténtico.
Pero nuestros cuerpos necesitaban tumbarse, asi que volvimos a nuestro «bus loco» y nos fuimos al hotel, no si antes hacer una parada técnica en el 7eleven para comprar cositas ricas para desayunar y picar algo.
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Ya instalados, duchados, cenados (aunque fuera con un sandwich calentado en el 7-Eleven), nos metimos en la cama con la esperanza de dormir bien y levantarnos al día siguiente con las pilas recargadas para empezar a explorar esta ciudad fascinante como se merece. Porque si este fue solo el comienzo… ¡lo que nos esperaba en los próximos días prometía ser increíble!
OS DEJAMOS EL VIDEO DE YOUTUBE CORRESPONDIENTE A NUESRO PRIMER DÍA EN LA CAPITAL TAILANDESA:


