UN SABADO PASADO POR AGUA….¡Y COMPRAS! CHATUCHACK, ICON SIAM Y PATPONG. DIA 4

Nos levantamos temprano con toda la intención de exprimir el día… y ¡zas! Diluvio universal. Basta un vistazo por la ventana para que se te caigan los planes al suelo junto con la moral. Pero como rendirse no estaba en la agenda, nos lo tomamos con calma: desayuno tranquilo en la habitación, mis chicos atacando unos batidos de chocolate, yo con un café bien cargado (prioridades claras) y unos bollitos del 7-Eleven que habíamos comprado el día anterior. Benditos 7-Eleven en Tailandia: baratos, prácticos y salvavidas oficiales del viajero.

Aun así, no queríamos renunciar al mercado de Chatuchak, que sólo abre los fines de semana y es uno de esos sitios que hay que ver sí o sí si estás en Bangkok. Así que decidimos ir igualmente, lloviera lo que lloviera. Se puede llegar en BTS (estaciones Mo Chit o Chatuchak Park) o en metro (MRT Kamphaeng Phet), pero con el aguacero que caía lo más cómodo era coger un taxi directamente en la puerta del hotel.

Consejo importante: siempre pedir que pongan el taxímetro. En Tailandia es lo normal y evita sustos innecesarios al llegar.

Chatuchak no es un mercado cualquiera. Es uno de los mercados al aire libre más grandes del mundo, con más de 15.000 puestos repartidos en distintas secciones. Una auténtica ciudad dentro de la ciudad. Aquí puedes encontrar absolutamente de todo: ropa, souvenirs, artesanía, cuadros, decoración, comida callejera, puestos de zumos, zonas de mascotas, plantas, e incluso lugares donde darte un masaje para recuperar fuerzas. Es tan enorme que lo normal es perderse… y aceptar que eso también forma parte de la experiencia.

Por suerte, muchas zonas están cubiertas, así que al principio pudimos pasear bastante resguardados de la lluvia. Aun así, conviene ir con calzado cómodo (y si es resistente al agua, mejor), llevar efectivo y no intentar verlo todo en una sola visita. Chatuchak no se recorre, se sobrevive… y se disfruta sin prisas.

Al rato, dejó de llover, salió el sol y volvió el calor insoportable (aunque, para ser sinceros, ni con la lluvia refrescaba demasiado). Estuvimos un buen rato explorando, compramos varios souvenirs, pantalones típicos con elefantitos, camisetas, imanes… y Samuel tuvo su momento estelar: encontró LA FIGURA. Una pedazo figura de Goku y Vegeta , gigante, de esas que en España te cuestan 300€, ¡y aquí la consiguió por unos 60€ al cambio! No pudimos decirle que no, claro… aunque el paquete fue tan enorme que más tarde ocupó casi una maleta de cabina entera. Cosas de viajar con un otaku.

También tuvimos tiempo para hacernos incluso una foto con una señora que tenía un puesto de ropa, y que hablaba muy bien inglés y fue super simpática, estuvimos charlando un buen rato con ella de nuestro itinerario por Tailandia e incluso nos aconsejó varios sitios que visitar. Toda una muestra de la famosa amabilidad tailandesa.

Cuando ya estábamos reventados, nos subimos a otro taxi hacia el barrio de Silom donde nos alojábamos.

Una cosa que hacíamos a veces era ver el precio del transporte en la app de Grab y, si veíamos un taxi por la calle, le preguntábamos cuánto nos cobraba. Si era parecido, lo cogíamos sin la app para que no pagara la comisión. Así ayudábamos a los taxistas locales pero también protegíamos nuestro bolsillo. ¡Equilibrio!

Desde Silom fuimos caminando al muelle de Sathorn para coger un barco gratuito hasta el centro comercial Icon Siam. El Chao Phraya es una forma genial de moverse por Bangkok: barata, rápida y pintoresca. Eso sí, ¡ojo! Hay diferentes tipos de barcos y tarifas, así que en nuestra guía de Bangkok os explicaremos bien cuál coger para evitar los barcos turísticos más caros.

El Icon Siam es un centro comercial brutal. Ya al acercarte por el río impresiona con su fachada enorme y moderna. Lo primero que hicimos fue ir a su food court, que es una especie de mercado de comida con muchos puestos distintos. Cada uno puede escoger lo que le apetezca y luego se come todo junto en unas mesas comunes.

Este food court está decorado como si fuera un mercado callejero, con un ambientazo, música en directo y hasta un «mercado flotante» en miniatura. Teníamos un hambre tremenda, así que nos lanzamos a por nuestro primer Pad Thai del viaje, ese plato tailandés hecho con fideos de arroz salteados, huevo, tofu o carne, brotes de soja, cacahuetes picados, lima y una salsita dulce-picante deliciosa. Lo pedimos con gambas y estaba de escándalo. También cayeron unos takoyakis (esas bolitas japonesas de pulpo que tanto nos gustan desde nuestro viaje a Japón) y de postre probamos uno de los más típicos de Tailandia: el mango sticky rice. Es básicamente arroz glutinoso con leche de coco y mango maduro cortado en láminas. ¡Una delicia!

Después de comer nos dedicamos a explorar el centro comercial a fondo. Hay tiendas de todo tipo, decoraciones alucinantes, hasta los baños eran dignos de foto. Sin duda, el centro comercial más espectacular en el que hemos estado. En las últimas plantas hay restaurantes preciosos, una fuente en forma de cascada por donde escriben con agua “Icon Siam” y unas terrazas con vistas impresionantes al skyline de Bangkok.

El skyline ya no tiene nada que envidiar al de Manhattan. Lo que se alza ante nuestros ojos es una auténtica exhibición de arquitectura moderna y luces vibrantes. Torres de cristal con formas imposibles, fachadas iluminadas que cambian de color, pantallas LED gigantes que animan la noche y reflejos que bailan sobre el río Chao Phraya. Uno de los edificios más llamativos es el Mahanakhon, con su silueta pixelada que parece derretirse hacia el cielo. A su lado, decenas de rascacielos se disputan protagonismo, creando una imagen que parece sacada de una película futurista. Es difícil imaginar que hace apenas unos años Bangkok tenía un perfil mucho más bajo. Ahora, desde las terrazas del ICONSIAM, la ciudad se despliega ante ti como una metrópolis deslumbrante, sofisticada y absolutamente inolvidable.

Tras exprimir al máximo Icon Siam, cogimos de nuevo el barco hasta Silom y nos fuimos caminando hasta Patpong, donde cada noche montan un mercado nocturno. La zona es bastante peculiar… Está llena de locales con luces de neón, chicas bailando en ropa interior, espectáculos «curiosos» y un ambiente que forma parte del «lado B» de Tailandia. No es lo más familiar del mundo, pero también hay que contarlo, porque es parte de la experiencia.

Otra cosa curiosa que vimos fue la cantidad de tiendas que vendían marihuana. ¡Marihuana legal en Tailandia! Muy fuerte, sobre todo sabiendo que hace unos años tenían leyes súper estrictas sobre drogas. Parece que con el cambio de rey se han relajado mucho las normas, y ahora está regulado… aunque sigue siendo rarísimo verlo tan a la vista.

Recorrimos todo el mercadillo, curioseamos lo que había por allí, y ya cansados, volvimos caminando al hotel para descansar y cargar pilas para el día siguiente.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *