LLEGAMOS A SHANGHAI, EL SKYLINE MÁS IMPRESIONANTE DEL VIAJE, DIA 12.

Nos tocaba madrugón serio. A las 4:30 de la mañana, tal y como habíamos reservado, nuestro taxi ya estaba esperando en la puerta del hotel para llevarnos al aeropuerto de Shenzhen. Y menos mal que fuimos con tiempo, porque como ya es costumbre en China… todo es gigantesco.

El aeropuerto de Shenzhen no fue una excepción: enorme, con largas distancias y controles, pero todo bastante organizado. Facturamos nuestras maletas y, a la hora prevista, embarcamos rumbo a Shanghái.
El vuelo lo habíamos comprado antes de salir de España, buscando en Skyscanner, y lo reservamos directamente con Spring Airlines. Nos costó unos 300 € los tres, incluyendo algo clave en este punto del viaje: maleta facturada de hasta 30 kg. Y creedme… la necesitábamos.
A las 9:30 de la mañana ya estábamos aterrizando en el aeropuerto de Shanghai Hongqiao International Airport.
Llegada a Shanghái y traslado al hotel
Recogimos las maletas y nos fuimos directos al metro. Una vez más, la mejor opción en China: barato, rápido y con aire acondicionado (bendito aire acondicionado).
El trayecto hasta la parada de Yuyuan Garden Station duró aproximadamente una hora y nos costó solo 5 yuanes por persona. Ridículo para una ciudad como Shanghái.


Nuestro hotel, el Autoongo Hotel On The Bund Shanghai, estaba perfectamente ubicado, muy cerca de los jardines Yuyuan y a poca distancia de The Bund.
Llegamos sobre las 10:30 de la mañana y tuvimos suerte: nos dieron la habitación directamente, sin tener que esperar hasta las 14:00. Algo que en China no siempre pasa, así que lo agradecimos muchísimo.
La habitación estaba muy bien: cama de 1,80 m, baño completo y todas las comodidades. Dejamos las maletas y aprovechamos para descansar un poco.
La habitación nos costó 159€, tres noches, sin desayuno.

El calor vuelve (y esta vez en serio)
Salimos a la calle y ahí estaba otra vez: el calor infernal.
Era principios de septiembre, y aunque veníamos de zonas donde habíamos estado bastante a gusto (Pekín o Xi’an), desde Chengdú hacia el sur la cosa se había puesto seria… y en Shanghái seguía igual.
Conclusión rápida:
👉 A ciertas horas del día, mejor evitar estar en la calle.
Mercado de imitaciones: misión zapatillas
Así que decidimos ir a un sitio que teníamos fichado: el famoso mercado de imitaciones (SCPLAZA) junto a la estación de Shanghai Science and Technology Museum.
El mercado subterráneo: regateo nivel experto


Nada más salir del metro, sin pisar la calle, te encuentras un entramado de pasillos lleno de tiendas donde venden ropa, zapatillas y productos de imitación de todo tipo.
Y aquí hay una norma básica:
👉 hay que regatear sí o sí
Normalmente te piden 3, 4 o hasta 5 veces más de lo que están dispuestos a aceptar, y ahí comienza un juego de «no me interesa», te bajan el precio, «es muy caro», ¿cuánto ofreces?….y ya depende de lo bueno que seáis regateando, por poneros un ejemplo por unas zapatillas nos pedían 120 euros al cambio y las compramos finalmente por unos 20€.
Además, es una zona muy frecuentada por extranjeros, así que no es raro encontrarte con españoles. De hecho, vimos bastantes.
Después de un buen rato negociando precios (y desgastándonos un poco mentalmente, todo hay que decirlo), conseguimos:
- Zapatillas nuevas para Samuel (misión cumplida)
- Alguna camiseta de fútbol
- Ropa deportiva y algún souvenir
Comida rápida y vuelta al hotel
Para comer, nos quedamos por la zona y entramos en un restaurante local. Pedimos dumplings, carne rebozada y noodles, todo por un precio muy económico.
Después, volvimos al hotel a dejar las bolsas y descansar un poco antes de salir por la tarde.


Nanjing Road: luces, tiendas y caos humano
Al caer la noche, nos fuimos andando hacia Nanjing Road.
Nanjing Road: el espectáculo empieza

Aquí empieza el espectáculo: luces por todas partes, rascacielos, pantallas gigantes… y una cantidad de gente que es difícil de describir.
Literalmente ríos de personas cruzando calles, pasos de peatones desbordados… una auténtica locura.
Aun así, disfrutamos mucho entrando en tiendas, incluida una Pop Mart gigantesca y un edificio lleno de tiendas frikis que fue el paraíso para Samuel:
- Tienda de Sonic
- Figuras tipo anime
- Merchandising por todas partes
- Una pared donde la gente dejaba dibujos estilo manga (y sí, Samuel dejó su huella con un ojo de Goku)
Y entre tanto estímulo… parada obligatoria en Luckin Coffee para tomar algo fresquito. Que aquí no solo el niño tiene caprichos.
The Bund: el momento que te deja sin palabras
Siguiendo a la marea humana, llegamos a The Bund Shanghai.
The Bund: el mejor skyline que hemos visto




Y aquí sí: sin palabras.
Un paseo larguísimo junto al río, y justo enfrente, el skyline del distrito financiero lleno de rascacielos iluminados de una forma que parece irreal.
Los chinos con las luces juegan en otra liga.
Esto no es bonito… es espectacular.
Eso sí, acercarte a hacer una foto en primera línea no es tarea fácil:
- Muchísima gente
- Empujones constantes
- Cero concepto de “turno”
Aquí toca sacar carácter y no dejarse intimidar. O caminar un poco y buscar una zona menos masificada.
Por el otro lado del paseo, además, tienes edificios de estilo colonial europeo que contrastan completamente con el skyline moderno. Y todo iluminado. Una postal perfecta.
Sinceramente:
👉 el skyline más impresionante que hemos visto nunca
Yuyuan de noche: magia total
De vuelta al hotel, pasamos por Yuyuan Old Street.
Y si de día ya nos había sorprendido… de noche es otro nivel.
Yuyuan Old Street: lo mejor del viaje




Todo iluminado con farolillos, arquitectura tradicional, reflejos en el agua… parecía un escenario de película.
Sin exagerar, junto con Yangshuo, fue lo que más nos gustó del viaje.
Cena callejera (y picante traicionero)

Terminamos el día cenando en unos puestos callejeros:
- Brochetas (grasientas pero buenas)
- Cerveza bien fría
Eso sí, aunque pedimos que no picara… picaba. Y bastante.
Clásico.
Con el cansancio acumulado del día, el madrugón y todo lo que habíamos caminado, ya no nos quedaban fuerzas para más.
Hotel, cama… y a recargar, porque Shanghái prometía mucho más.
