CHIANG MAI: NATURALEZA, ESPIRITUALIDAD Y RICONES MÁGICOS. DIA 9.

Tercer día en Chiang Mai: rumbo a Wat Pha Lat

Era nuestro tercer día en Chiang Mai y nos levantamos temprano con muchísimas ganas de conocer uno de los templos que más ilusión nos hacía: Wat Pha Lat.

Desayunamos con calma en el hotel (el desayuno estaba incluido, otro punto a favor) y cogimos las motos alquiladas el día anterior. En menos de media hora ya estábamos en la entrada del templo, situado a las afueras de la ciudad.


Wat Pha Lat, un templo escondido en la selva

Wat Pha Lat no es un templo especialmente turístico, aunque poco a poco se ha ido haciendo más conocido por su cercanía al Doi Suthep y por estar rodeado de una naturaleza salvaje y exuberante.

Cuando llegamos apenas había visitantes, lo que nos permitió disfrutar del lugar en una tranquilidad absoluta.

El templo está escondido en plena montaña, rodeado de vegetación, musgo y silencio. Aquí la espiritualidad y la naturaleza se mezclan de una forma casi mágica.

Se puede llegar caminando por el famoso Monk’s Trail, pero es una buena paliza, así que nosotros optamos por subir directamente en moto hasta la entrada.


Una visita casi mística

La entrada es gratuita, aunque hay una caja para donaciones voluntarias. Este lugar fue durante años una parada para los monjes que subían hacia Doi Suthep y, con el tiempo, se convirtió en un pequeño templo lleno de encanto.

Encontramos santuarios cubiertos de musgo, imágenes de Buda rodeadas de verde intenso y una sensación constante de paz.

Mientras recorríamos el recinto empezó a llover suavemente. La lluvia ligera le dio al lugar un aire todavía más místico. Solo se escuchaban los sonidos de la selva, los animales y el agua.

Es un sitio increíblemente fotogénico; podríamos haber pasado horas haciendo fotos sin cansarnos.


Cascada, riachuelo y un templo con alma antigua

Más adentro del recinto, un riachuelo desemboca en una pequeña cascada, cuyo sonido relajante nos acompañó durante toda la visita.

Los templos y las imágenes de Buda tienen un aspecto algo descuidado, con una estética antigua que recuerda a esas películas de aventuras donde descubres un templo olvidado en mitad de la selva.

Para nosotros, Wat Pha Lat fue totalmente imprescindible.


Doi Suthep, el templo más emblemático del norte de Tailandia

Después de explorar Wat Pha Lat, volvimos a las motos y subimos un poco más por la misma montaña hasta llegar al Doi Suthep, uno de los templos más importantes del norte de Tailandia.

La entrada cuesta 50 baht por persona. Si no quieres subir los interminables escalones, hay un funicular por 20 baht. Con el calor que hacía, decidimos subir en funicular y guardar fuerzas (bajar siempre es más llevadero).


La leyenda del elefante blanco

El Doi Suthep fue construido en el siglo XIV y su ubicación tiene una historia fascinante. Según la leyenda, un elefante blanco sagrado portaba una reliquia de Buda. Subió hasta la cima de la montaña, dio tres vueltas y murió allí, lo que se interpretó como una señal divina para construir el templo en ese lugar.


Estupa dorada y vistas panorámicas

El templo nos impresionó muchísimo. Desde lo alto se obtienen vistas panorámicas espectaculares de Chiang Mai, y la estupa dorada central brilla intensamente bajo el sol, convirtiéndose en el gran protagonista del recinto.


Un ritual budista lleno de significado

Una de las experiencias más especiales del día fue participar en un ritual tradicional budista. Junto a la estupa principal, observamos cómo los fieles daban tres vueltas en sentido horario, recitando un mantra en voz baja.

Nos unimos con respeto, aunque no conocíamos las palabras, caminando en silencio y sintiendo la paz y la devoción que se respiraba.

Cada vuelta simboliza una veneración:

  • La primera, al Buda
  • La segunda, a sus enseñanzas, el Dharma
  • La tercera, a la comunidad de monjes, el Sangha

Tras el ritual, hicimos una ofrenda con una flor de loto, símbolo de pureza, y una vela amarilla, que representa la sabiduría y la luz del conocimiento. Un momento sencillo, pero muy especial.

Escaleras, puestos y ambiente local

Para terminar la visita, bajamos por las largas escaleras del templo, disfrutando del ambiente y parándonos en los puestos de comida y souvenirs que hay a la salida.



Comer en Khaomao-Khaofang Imaginary Jungle

Ya era mediodía y el hambre apretaba, así que cogimos las motos y fuimos a un restaurante que tenía apuntado en Google Maps y que también había visto por redes sociales: Khaomao-Khaofang Imaginary Jungle.

El lugar, rodeado de árboles, lagos y riachuelos, nos dejó sin palabras.

Cuando llegamos estaba casi vacío —probablemente porque ya era tarde para comer según sus horarios—, lo que nos permitió elegir una mesa privilegiada frente a un lago lleno de carpas, rodeado de cascadas y vegetación.

El restaurante está decorado con madera y estructuras que simulan árboles. Incluso los baños son un espectáculo: cascadas sobre rocas en lugar de grifos, urinarios rodeados de lianas y un ambiente que parece sacado de una película.

Pedimos un picoteo variado: pollo al limón, cerdo en salsa y gambas rebozadas, acompañado de bebidas originales.

Samuel pidió un smoothie de piña, y yo una bebida llamada butterfly pea and lime, hecha con flor de guisante azul y limón. Al añadir el limón, el color cambia de azul a púrpura. Un espectáculo visual además de refrescante.


Carp Cafe, café entre carpas

Aunque ya estábamos llenos, siempre hay hueco para el postre. Nuestra siguiente parada fue Carp Cafe, una cafetería decorada con puentes, lagos y flores de sakura.

Es famosa por sus carpas, que nadan alrededor de las mesas esperando comida. Pedimos café latte y tartas de queso y chocolate, pero lo más divertido fue darles de comer.

Primero les dimos pienso seco, que provocó una auténtica revolución acuática, y después llegó lo mejor: un biberón del que las carpas se enganchaban para beber. Una experiencia surrealista y divertidísima.


Wat Umong, cuevas y murciélagos

Para cerrar el día, de camino en moto pasamos por un templo menos conocido: Wat Umong. El lugar estaba algo descuidado y muy poco turístico, con apenas visitantes.

Es un parque amplio con una pagoda antigua, pero lo más curioso son sus cuevas, llenas de pequeños altares y estatuas de Buda.

Entrar en ellas fue emocionante y misterioso, y para nuestra sorpresa encontramos murciélagos durmiendo boca abajo, completamente tranquilos. Un final distinto y curioso para un día lleno de contrastes.


Piscina y cena tranquila

De vuelta al hotel, nos dimos un baño refrescante en la piscina y, ya cansados, compramos algo en el 7 Eleven de al lado para cenar tranquilamente en la habitación. El cierre perfecto para un día intenso, espiritual y muy completo en Chiang Mai.

Puedes ver nuestros vídeos de Youtube sobre este intenso día aqui:

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