DE CHENGDU A YANGSHUO: ENTRE MONTAÑAS KÁRSTICAS. DIA 7.

Ese día nos tocaba madrugar de verdad. Habíamos reservado un taxi para que nos recogiera en nuestro hotel de Chengdu a las 5:30 de la mañana, ya que teníamos un vuelo temprano hacia Guilin.

El trayecto hasta el aeropuerto duró aproximadamente una hora y nos costó unos 200 yuanes. A esas horas la ciudad todavía estaba medio dormida, pero el aeropuerto… todo lo contrario. Nos dejó impresionados: gigantesco, moderno y muy organizado, como suele pasar con muchos aeropuertos en China.

Hicimos el check-in, facturamos las maletas y pasamos los controles sin ningún problema. Los vuelos los había comprado previamente en Trip.com y nos costaron 256 € los tres, para volar desde Chengdu hasta el aeropuerto de Guilin con Air China.

El vuelo salía a las 8:40 de la mañana y llegaba a las 10:20, y como casi todo en China en cuanto a transportes… puntual y sin ningún incidente.


Al aterrizar en Guilin, recogimos nuestras maletas y salimos hacia la zona de taxis. Allí hicimos algo que acabaríamos haciendo varias veces durante el viaje: negociar el precio del trayecto.

Antes de hablar con el taxista miramos cuánto costaba el viaje en la aplicación DiDi, que es el equivalente chino de Uber. Con ese precio como referencia empezamos a negociar… y al final conseguimos incluso un precio mejor que el de la aplicación.

El trayecto hasta Yangshuo nos costó 200 yuanes y duró algo más de una hora. En China las distancias entre aeropuertos y ciudades turísticas muchas veces son así: largas, pero bien conectadas.

Durante el camino ya empezamos a ver los famosos paisajes kársticos de la región, esas montañas puntiagudas que parecen salidas de una película. Era solo un adelanto de lo que nos esperaba.


Nuestro hotel en Yangshuo

El taxi nos dejó directamente en la puerta de nuestro hotel, y tengo que decirlo sin dudar: fue el mejor hotel de todo el viaje.

También lo reservé en Trip.com y nos costó 94 € por dos noches. Por ese precio teníamos:

  • Una habitación gigantesca
  • Dos camas king size
  • Bañera con vistas a las montañas
  • Aseo y ducha separados
  • ¡Incluso lavadora en la habitación!

Además, el hotel tenía piscina, una pequeña zona de juegos infantiles, una máquina recreativa y el desayuno estaba incluido.

Después de varios días de viaje intenso, aquello nos pareció un pequeño lujo asiático.


Explorando Yangshuo en moto eléctrica

Nada más instalarnos, bajamos a recepción y alquilamos motos eléctricas, que nos costaron 30 yuanes por día cada una. Son muy comunes en esta zona y la forma perfecta de moverse por Yangshuo.

Con ellas nos fuimos a investigar el pueblo y terminamos en West Street, la calle más famosa y animada de la ciudad.

Lo primero que notamos fue el calor.

En Pekín y Xi’an habíamos tenido temperaturas bastante suaves, pero ya en Chengdu empezamos a notar que el verano chino venía fuerte… y en Yangshuo era directamente sofocante.

El sol pegaba con una intensidad brutal. De hecho, nos llamó la atención ver a muchísima gente cubierta de pies a cabeza, con mangas largas, pantalones largos y sombreros. En China es muy habitual protegerse del sol así, algo que al principio sorprende mucho a los turistas.


Un antojo inesperado: pizza en China

Después de pasear un rato por la calle principal, nos entró un antojo bastante inesperado: pizza.

Y cuando vimos un Pizza Hut… no lo dudamos ni un segundo.

Entramos y nos pedimos unas pizzas que, después de tantos días de comida china, nos supieron a gloria. A veces el cuerpo también pide algo familiar.


El calor nos vence… y toca siesta

Nuestra idea era seguir explorando un poco más Yangshuo, pero el calor era realmente insoportable.

Así que tomamos una decisión muy sabia: volver al hotel.

Pasamos la tarde disfrutando del alojamiento:

  • Una buena siesta
  • Un bañito en la piscina
  • Un rato de descanso en la habitación

A veces viajar también consiste en bajar el ritmo y disfrutar del lugar donde estás.


West Street de noche: otro mundo

Cuando cayó el sol volvimos a West Street, y lo que encontramos fue completamente distinto a lo que habíamos visto al mediodía.

La calle estaba llena de vida.

Luces, música, tiendas abiertas, restaurantes, bares, turistas y locales paseando… el ambiente era increíble.

Nos recorrimos toda la zona disfrutando del ambiente y haciendo mil fotos. Como en otras ciudades de China, volvimos a ver a muchísimas chicas vestidas con trajes tradicionales, aunque esta vez con vestimentas diferentes propias de esta región, que me parecieron especialmente bonitas.


Una cena ligera… o casi

La verdad es que no teníamos nada de hambre. Las pizzas del mediodía nos habían dejado bastante llenos, así que decidimos simplemente tomarnos algo fresquito para combatir el calor.

Antes de volver al hotel hicimos una última parada en un 7‑Eleven para comprar algunas cosas para el desayuno.

Aunque el hotel incluía desayuno, este era exclusivamente tradicional chino, sin opciones occidentales. Así que preferimos comprar algo que nos apeteciera más y desayunar tranquilamente en la habitación al día siguiente.


A descansar en nuestras “super camas”

Con todo preparado para la mañana siguiente, regresamos al hotel.

Y la verdad… pocas veces hemos agradecido tanto una cama.

Nos fuimos a dormir en nuestras enormes camas king size, listos para seguir descubriendo al día siguiente los increíbles paisajes de Yangshuo.

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