DESPEDIDA DE YANGSHUO Y LLEGADA A SHENZHEN, DIA 9.

Nos levantamos bastante prontito porque queríamos aprovechar al máximo nuestra última mañana en Yangshuo. Después de desayunar algo en la habitación, cogimos de nuevo nuestras motos eléctricas para hacer la última ruta por la zona.

En muchos hoteles de Yangshuo suelen darte folletos con rutas recomendadas para recorrer en moto, pero la verdad es que con Amap (Gaode Maps) es muy fácil investigar por tu cuenta. Solo tienes que marcar algunos puntos en el mapa… o directamente perderte un poco, que muchas veces es la mejor manera de descubrir paisajes increíbles.

Y eso fue exactamente lo que hicimos.


Una última ruta entre arrozales y montañas

El recorrido era precioso. Íbamos atravesando campos de arroz, pequeños riachuelos y pueblecitos agrícolas llenos de encanto, con las famosas montañas kársticas de fondo que hacen que esta zona de China sea tan especial.

Además, lo mejor de todo era que apenas nos encontrábamos con gente. La sensación de tranquilidad era total.

En una de esas rectas donde no había absolutamente nadie, incluso dejamos que Samuel llevara un poco la moto. Fue un momento muy divertido para él y para nosotros también.

Hay que decir que estas motos eléctricas van muy despacio, creo que no superaban los 30 km/h, así que incluso para gente que no tiene experiencia conduciendo motos son bastante fáciles de manejar.

Nosotros llevamos conduciendo moto desde los 16 años, así que siempre solemos atrevernos con estas cosas cuando viajamos, pero sinceramente es casi como ir en bicicleta.


Últimos paisajes antes de marcharnos

Aprovechamos esta última mañana recorriendo algunos caminos más y parando a disfrutar del paisaje siempre que nos apetecía. Pero todo lo bueno se acaba, y a las 12 del mediodía ya estábamos de vuelta en el hotel para hacer el check-out.

La verdad… nos dio mucha pena irnos de Yangshuo. Había sido uno de los lugares más bonitos y tranquilos de todo el viaje.


Camino a la estación de tren

Pedimos un taxi para ir hasta la estación de tren de Yangshuo, que está bastante lejos del centro. Nos costó 70 yuanes y el trayecto fue de unos 30 kilómetros.

Tardamos unos 45 minutos en llegar porque había bastante tráfico.

La estación nos sorprendió porque, comparada con otras que habíamos visto en China, era bastante pequeña. Dentro solo había dos restaurantes: uno de comida china y otro de pollo frito.

Como todavía no habíamos comido, decidimos comprar unos menús de pollo con patatas y bebida para llevar y así comérnoslos tranquilamente en el tren.


El tren bala hacia Shenzhen

Cuando llegó la hora bajamos al andén y nos encontramos con algo curioso: desde la vía donde llega el tren se tienen unas vistas espectaculares de las montañas kársticas tan características de esta región.

Una despedida perfecta del paisaje.

Subimos al tren bala, sacamos nuestro pollo frito y comimos tranquilamente durante el trayecto. Después de unas tres horas de viaje, llegamos a Shenzhen.


Llegada a una megaciudad

Al llegar a la estación todo volvió a la escala típica de China: una estación gigantesca, casi como un aeropuerto.

Lo bueno es que conecta directamente con el metro, así que bajamos allí mismo y nos dirigimos hacia nuestro hotel.

El trayecto en metro duró unos 40 minutos. Una vez más, las distancias en China nos volvieron a dejar un poco descolocados… todo es enorme.

Nuestro hotel estaba cerca de la parada del metro Science Museum, y se llamaba Lu Yue Hotel.

Lo reservé también a través de Trip.com y nos costó 154 € por tres noches con desayuno incluido.

La habitación era muy amplia y tenía:

  • una cama gigantesca de 240 cm para los tres
  • un proyector enorme para ver películas
  • un baño grande
  • y todas las comodidades que necesitábamos para los siguientes días.

Primera impresión de Shenzhen

Después de llegar al hotel y darnos una buena ducha, salimos a dar una pequeña vuelta por los alrededores.

La primera impresión fue bastante impactante.

Venir de los paisajes tranquilos de Yangshuo y llegar a una ciudad gigantesca como Shenzhen fue un contraste brutal.

Había:

  • motos por todas partes
  • muchísimo tráfico
  • miles de tiendas pequeñas de tecnología

Además, había que ir con muchísimo cuidado incluso siendo peatón, porque las motos circulaban por todas partes: aceras, pasos de peatones… daba la sensación de que no había demasiadas normas de tráfico.

Era un auténtico caos urbano, pero también tenía su encanto.


Cena tranquila y descanso

Estábamos bastante cansados después del viaje, así que decidimos no complicarnos mucho.

Compramos un curry para llevar, lo subimos a la habitación y cenamos tranquilamente mientras veíamos una película en Netflix (bendito proyector gigante).

Y así, entre película y película, dimos por terminado el día.

Habíamos pasado de las montañas tranquilas de Yangshuo a una de las ciudades más modernas de China, y todavía nos quedaban muchas cosas por descubrir en Shenzhen.

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