YANGSHUO, NUESTRO LUGAR PREFERIDO DE CHINA. DIA 8.

Ese día nos levantamos sin madrugar demasiado, algo que también se agradece después de varios días de viajes, vuelos y madrugones. Desayunamos tranquilamente en nuestra habitación, con las cosas que habíamos comprado la noche anterior.

Al bajar al comedor del hotel vimos lo que estaban desayunando otros huéspedes: una sopa con noodles, un huevo duro y sandía. También había , pero ni rastro de café o leche. En ese momento confirmamos que habíamos acertado completamente al comprar nuestro propio desayuno en el 7-Eleven.

Con energía para empezar el día, cogimos nuestras motos eléctricas —que habíamos alquilado en el hotel por 30 yuanes al día cada una— y salimos a descubrir los alrededores de Yangshuo.


Buscando un paseo en balsa de bambú

La idea principal del día era hacer uno de los planes más famosos de la zona: un paseo en balsa de bambú por el río.

El día anterior, en uno de los embarcaderos cerca de nuestro hotel, nos habían ofrecido este paseo por 300 yuanes por persona, pero nos pareció bastante caro. Así que decidimos hacer algo que solemos hacer mucho en nuestros viajes: investigar un poco más y buscar alternativas.

Con el navegador de Amap (Gaode Maps), que funciona muy bien en China, nos dirigimos en moto hacia varios puntos donde también sabíamos que se podían hacer estos paseos, en dirección a la zona de Lipu.

El trayecto fue simplemente espectacular.

Toda esta región está llena de prados verdes, pequeños ríos, casitas rurales y las famosas montañas kársticas que sobresalen en el horizonte como si alguien las hubiera dibujado. Es un paisaje muy particular del sur de China y recorrerlo en moto es una auténtica maravilla.

La zona es muy rural y tranquila, y eso fue precisamente lo que más nos gustó.


Un paseo inolvidable por el río

Finalmente llegamos a una pequeña zona llamada Linjian, donde había varios embarcaderos.

Preguntamos por los precios y allí el paseo en balsa de bambú durante una hora costaba solo 70 yuanes por persona. Ni nos lo pensamos.

Compramos los boletos y, aunque el calor ya empezaba a notarse, aún era relativamente temprano —alrededor de las 10 de la mañana— y casi no había gente.

Eso hizo que la experiencia fuera todavía más especial.

El paseo fue simplemente increíble.
La balsa avanzaba lentamente sobre el agua tranquila, casi en silencio, mientras alrededor se levantaban las montañas puntiagudas típicas de esta región. El paisaje parecía sacado de una pintura tradicional china.

Sin duda, una de las mejores experiencias de todo el viaje.


Perdernos por la zona… sin plan

Después del paseo, volvimos a nuestras motos eléctricas y decidimos hacer algo que nos encanta cuando viajamos: ir sin rumbo fijo.

Nos dedicamos a recorrer caminos rurales, pequeños senderos y carreteras secundarias, parando cada vez que veíamos un paisaje bonito.

En algunos puntos:

  • hicimos muchísimas fotos
  • volamos un poco el dron
  • simplemente nos quedamos mirando el paisaje

Sin horarios, sin prisas, sin planes.
Solo disfrutando del entorno.

Y sinceramente, esos momentos de improvisación total son muchas veces los que más se recuerdan de un viaje.


Comida junto al río

Cuando empezó a entrar el hambre encontramos una pequeña zona con varios restaurantes junto al río. Nos llamó la atención uno que tenía unas vistas muy bonitas al agua y una carta con varios platos que parecían bastante asequibles.

Entramos y pedimos:

  • cerdo empanado
  • camarones
  • noodles con carne

Eso sí… antes de pedir tuvimos que repetirle a la camarera dos o tres veces algo muy importante:
por favor, sin picante.

La región de Guangxi, como gran parte del sur de China, tiene bastantes platos picantes, y después de algunas experiencias anteriores preferíamos asegurarnos.

La comida fue perfecta.

Nada picaba y todo estaba muy bueno. Lo acompañamos con una cerveza bien fría y unas Coca-Colas, y pagamos 180 yuanes en total.

Por cierto, algo que aprendimos durante el viaje:
las raciones en China suelen ser bastante grandes, así que es mejor pedir poco a poco. Con esos tres platos nosotros tuvimos más que suficiente para salir completamente llenos.


Tarde de piscina

Después de seguir un rato más explorando la zona en moto, decidimos volver al hotel para descansar.

Nos dimos un baño en la piscina, nos duchamos y aprovechamos para relajarnos un rato. El calor seguía siendo bastante fuerte, así que ese descanso se agradeció muchísimo.


Atardecer en el río

Al caer la tarde volvimos a coger las motos y regresamos a la zona del río donde habíamos comido.

Queríamos grabar algunas tomas al atardecer, y la verdad es que fue una decisión fantástica. El paisaje con el sol bajando entre las montañas kársticas era simplemente espectacular.

Después dimos algunas vueltas más en moto. Con el calor que hacía, la única manera de soportarlo era ir en movimiento, así que aprovechamos para seguir disfrutando del paisaje, esta vez de noche.


Cena tranquila en el hotel

En uno de esos paseos encontramos un supermercado bastante grande, así que paramos a comprar algo para cenar.

Esa tarde Emi había conseguido conectar el móvil a la televisión de la habitación, así que teníamos un plan perfecto: ver una película.

Aprovechando que en el hotel también había un microondas de uso común, compramos:

  • patatas
  • bebida
  • sándwiches
  • y unas hamburguesas del 7-Eleven que ya habíamos descubierto en Tailandia y que se calientan directamente en el microondas.

Así que nos montamos una cena improvisada en la habitación mientras veíamos una película en Netflix.

Porque sí… viajar está lleno de aventuras y sitios increíbles, pero también creemos que en vacaciones hay que reservar un ratito para estos pequeños planes tranquilos.

Y ese fue el final de otro día perfecto en Yangshuo.

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