EXPLORANDO LOS BARRIOS ESENCIALES DE TOKIO: HARAJUKU Y SHIBUYA. Día 11.

Desayuno improvisado para empezar el día

Nos despertamos con muchas ganas de empezar a descubrir Tokio. El hotel no incluía desayuno, pero nosotros ya íbamos preparados: café para mí, batidos para Emi y Samuel, y unos bollitos que habíamos comprado la noche anterior en un konbini cercano. Sencillo pero efectivo para arrancar el día.

Primer trayecto en la línea Yamanote

Tomamos la línea Yamanote, esa especie de salvavidas circular que conecta casi todos los puntos importantes de la ciudad, y nos bajamos cerca del parque Yoyogi. Nuestro primer destino: el santuario Meiji.

Visita al santuario Meiji: naturaleza, silencio y espiritualidad

El contraste al entrar fue brutal. De repente, dejamos atrás los ruidos, el ajetreo, los rascacielos… y nos adentramos en un pulmón verde que parecía transportarnos a otro mundo. Caminábamos por senderos rodeados de árboles enormes, con lámparas de piedra salpicando el camino y un silencio que te abrazaba. Era como si la ciudad se hubiera esfumado.

A medida que nos acercábamos al santuario, empezamos a ver más visitantes. El santuario Meiji está dedicado al emperador Meiji y su esposa, la emperatriz Shōken. Fue construido en 1920, unos años después de su muerte, y es uno de los lugares más importantes del sintoísmo en Japón. La entrada es gratuita, y el recinto es enorme, con varios edificios ceremoniales, patios y bosques sagrados.

Ritual de purificación japonés

Antes de entrar al santuario, hicimos uno de esos rituales que tanto nos llamaban la atención en los templos y santuarios de Japón. En la zona de purificación (temizuya), cogimos unas cucharas de bambú llamadas hishaku y seguimos los pasos que habíamos observado a los japoneses:

  1. Coges agua con la cuchara y te echas un poco en la mano izquierda.
  2. Luego haces lo mismo con la mano derecha.
  3. Después, echas un poco más de agua en la mano izquierda y bebes directamente desde ahí (¡sin tocar la cuchara con la boca!).
  4. Finalmente, vuelves a enjuagar la mano izquierda.

Todo muy delicado y simbólico, como casi todo en este país.

La convivencia entre el sintoísmo y el budismo

Allí volvimos a reflexionar sobre la convivencia tan natural entre el budismo y el sintoísmo en Japón. Es algo que nos fascinó durante todo el viaje. En un mismo barrio puedes encontrar un templo budista y un santuario sintoísta uno al lado del otro. Incluso hay templos que incluyen pequeños santuarios en su interior. Las religiones aquí no compiten, se acompañan, y eso nos pareció hermoso.

Explorando Harajuku y la calle Takeshita Dori

Después de explorar el santuario y hacer un montón de fotos, pusimos rumbo andando hacia Harajuku, que está justo al lado. Queríamos ver con nuestros propios ojos la famosa calle Takeshita Dori, una explosión de color, tiendas de moda urbana, accesorios rarísimos, chuches gigantes, cafés temáticos con animales, adolescentes con estilismos imposibles… Un espectáculo total. Nos lo recorrimos de arriba abajo y nos entretuvimos curioseando un poco, aunque no compramos nada.

Impacto al llegar a Shibuya

Desde allí, volvimos a coger la Yamanote y nos bajamos en Shibuya… y madre mía. Nada más salir de la estación, nos abrumó todo: rascacielos, carteles luminosos, tiendas, gente por todas partes… ¡una locura! Era como estar dentro de una película. No sabíamos hacia dónde mirar.

Tiendas frikis: Disney Store, Nintendo Tokyo y más

Empezamos a explorar el barrio buscando tiendas de “frikadas”, como decimos nosotros. Primero entramos en la Disney Store, que más que tienda parecía un castillo de cuento. Todo precioso. Luego fuimos a nuestro objetivo principal: el centro comercial Shibuya Parco, donde está la famosa tienda Nintendo Tokyo. Samuel estaba flipando: peluches, merchandising de Mario, Zelda, Pokémon… ¡quería llevárselo todo! También visitamos tiendas de Namco, One Piece y otros videojuegos y animes. Era el paraíso para cualquier fan.

Almuerzo en Shibuya: carne de cordero y descanso merecido

Después de tanto andar y con tanta emoción, el hambre apretaba. Nos costó encontrar sitio para comer porque todo estaba lleno, pero al final entramos en un restaurante especializado en carne de cordero que tenía mesas libres. Pedimos una especie de hamburguesa sin pan (hambagu), con arroz, verduras y una salsa brillante deliciosa. Comimos genial, y bastante barato.

Cruzando el famoso Shibuya Crossing

Ya descansados, volvimos al corazón de Shibuya y cruzamos el famoso Shibuya Crossing, ese cruce en el que parece que todo el mundo va a chocar con todo el mundo. ¡Una guerra de peatones por todos los ángulos! Fue muy divertido. Entre pantallas 3D, camiones con publicidad de anime, grupos de chicas cantando desde autobuses, turistas disfrazados conduciendo minikarts tipo “Mario Kart”… ¡no dábamos abasto! Así que decidimos subir a verlo desde las alturas.

Mirador gratuito en Shibuya Hikarie

Fuimos al edificio Shibuya Hikarie, que tiene un mirador gratuito en la planta 11. Nadie más subió, así que tuvimos el lugar solo para nosotros. Grabamos, hicimos fotos… y justo empezó a anochecer. Las luces se encendieron poco a poco y el cruce se volvió aún más impresionante. Una pasada.

Visita nocturna a Akihabara y cena con robot

Volvimos a cruzarlo ya de noche, echamos un último vistazo a las pantallas y cogimos de nuevo la Yamanote para bajarnos en Akihabara, el barrio otaku por excelencia. Sabíamos que queríamos explorarlo con calma otro día, pero no quisimos perder la oportunidad de verlo iluminado por la noche. Dimos un pequeño paseo (¡estábamos agotados!), y al lado de la estación entramos a cenar en el restaurante GUSTO, una franquicia muy popular en Japón. Lo más divertido es que haces el pedido desde una tablet y te lo trae un robot con cara de gato. Otra cena rica, barata y con un toque friki que nos encantó.

Fin del primer día en Tokio

Después de eso, tocaba tren y directo al hotel. Un día completo, lleno de contrastes, locuras y momentos inolvidables. ¡Y esto solo acaba de empezar!


🎥 Nuestro video del día en YouTube:

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